Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

Estambul, Turquía (día 1)

 

  • Salida Palma a las 8.40h. Llegada a Barcelona a las 9.30h.

  • Salida Barcelona a las 12.00h. Llegada a Estambul a las 17.30h.

Primer vuelo con Vueling sin mucha historia. Duración corta. Avión muy estrecho, como viene siendo habitual con este tipo de aerolíneas. En apenas 30 minutos estábamos en Barcelona.

 

Tras una escala de unas 2 horas, nos dirigimos a la puerta de embarque para tomar el segundo vuelo, en dirección a Estambul, operado por Turkish Airlines, una de las mejores aerolíneas de Europa y del mundo. El avión era algo antiguo, pero muy cómodo. Nos sorprendió el hecho de volar en un avión de fuselaje ancho para un trayecto de solo 2.45h. El vuelo fue genial, nos sirvieron comida y la atención fue excelente.

 

Aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Atatürk de Estambul a eso de las 17.30h hora local. El trámite del control de pasaporte y la recogida del equipaje fue algo más tedioso de lo esperado y no conseguimos salir del Aeropuerto hasta bien entradas las 19h. Rápidamente tomamos el metro hasta la estación de Zeytinburnu y desde allí el tranvía hasta Sultanahmet, donde se ubicaba nuestro hotel, el Deluxe Golden Horn, un establecimiento situado en pleno centro cultural de la ciudad, pero algo desfasado y descuidado. El desayuno, como es habitual en Turquía, estaba incluido y la atención del personal fue muy buena.

 

Tras el check-in, aprovechamos las pocas horas que teníamos para visitar los alrededores, entre los que se encuentran la Mezquita Azul y Santa Sofía, paseamos por la Plaza de Sultanahmet y cenamos un típico kebab turco en uno de los restaurantes de la zona.

Estambúl, Turquía (día 2)

Como es habitual en nuestros viajes, nos despertamos muy pronto para empezar con la ruta del día. Nuestro primer punto de interés era el Palacio Topkapi, edificio cuya construcción data del año 1465 y cuyo uso fue principalmente residencial. Está compuesto por multitud de pequeñas edificaciones rodeadas por cuatro patios. Dado que llegamos justo a la hora de apertura, la visita fue cómoda y sin tumultos. La entrada tiene un coste de 40 liras y da acceso libre al recinto.

La siguiente parada fue el Museo Arqueológico de Estambul, a pocos metros del palacio Topkapi. Este recinto alberga una colección inmensa de artículos y elementos provenientes de todo el antiguo Imperio Otomano y territorios vecinos, distribuyéndose en más de veinte salas. Entre sus reliquias, destacan el Sarcófago de Alejandro Magno y el Sarcófago de las Plañideras. La visita es interesante y didáctica. El precio de la entrada es de 20 liras por persona.

 

A pocos metros de la salida del Museo se encuentra el principal parque de Estambul, el Parque Gülhane, un enorme espacio repleto de vegetación en el que el visitante puede dar un largo paseo y relajarse admirando el paisaje. El parque cuenta con distintos puntos de interés, entre los que destaca una hermosa fuente que realiza juegos de chorros de agua con siluetas de animales y frases en inglés y turco.

Tras comer algo en las inmediaciones del parque, retomamos nuestro camino en dirección a la Plaza Sultanahmet para visitar uno de los emblemas de la ciudad y del país, la antigua basílica de Santa Sofía. Reconvertida en mezquita y posteriormente en museo, el templo se erige en pleno centro histórico de Estambul. Su exterior se caracteriza principalmente por la enormidad de su cúpula central. En su interior alberga una gran colección de reliquias de santos y es conocida mundialmente por sus hermosos mosaicos bizantinos y los medallones que coronan su parte superior. Es una visita imprescindible para cualquier turista que visite la ciudad. La entrada tiene un coste de 40 liras por persona.

 

Utilizamos el resto de la tarde para pasear por el centro histórico de Estambul, perdiéndonos por sus callejuelas y mezclándonos con turistas y locales. Nos refugiamos de la lluvia en una cafetería de aspecto lúgubre pero que resultó ser uno de los hallazgos más acertados de todo el viaje: Hafiz Mustafa, una confitería fundada en 1864 que elabora artesanalmente infinidad de productos, entre los cuales destacan las famosas Delicias Turcas y los Baklava, una especie de pastel elaborado con pasta de nueces. Allí descansamos tomando un té y planificando nuestra ruta para el día siguiente.

Estambúl, Turquía (día 3)

Ducha, desayuno y empieza la ruta. Nuestra primera visita del día fue la Mezquita Azul o Mezquita del Sultan Ahmed, situada en la Plaza Sultanahmet junto al antiguo Hipódromo, convertido hoy en bulevar, y frente a la Basílica de Santa Sofía.

 

La edificación, que data del siglo XVII, impresiona por sus enormes dimensiones y su aspecto sobrio pero elegante. En el momento de su edificación provocó una gran polémica por sus seis minaretes, igualando a la mezquita de la Kaaba, en La Meca. El sultán lo solucionó mandando construir un séptimo minarete en esta última, ganándose el favor de sus críticos.

 

El interior de la mezquita es simplemente impresionante. La luz penetra a través de las cristaleras y le otorga un ambiente místico que se ve favorecido por el intenso olor a incienso. Como es habitual, es necesario descalzarse para acceder al templo. La entrada es gratuita y existen ciertas normas en cuanto a la vestimenta de los visitantes. La mezquita permanece cerrada en horario de oración. Recomendamos acudir a primera hora de la mañana para evitar aglomeraciones.

Muy cerca de la Mezquita, junto a Santa Sofia, se encuentra otro de los puntos más visitados de Estambul: la Cisterna Basílica o Yerebatan Sarayi. Este enorme depósito abastecía de agua a las principales edificaciones de la ciudad allá por el año 532. Sin embargo, con el paso del tiempo y la llegada del agua corriente quedó totalmente en desuso. No fue hasta el S. XIX cuando se restauró por primera vez y se abrió al público como punto turístico, dotándola de las pasarelas que hoy en día posee. El interior, repleto de columnas, la dota de un aspecto imponente. Las piezas más apreciadas del recinto son las dos bases de columna con el rostro de Medusa. El lugar ha sido utilizado como locación en varias películas, entre las que destaca Inferno, la adaptación cinematográfica del famoso libro de Dan Brown. El precio de la entrada es de 20 liras.

 

Tras la visita nos dirigimos al muelle situado en la zona de Eminönü para subirnos a un barco y realizar el archiconocido Paseo por el Bósforo, de cerca de 1,5 horas de duración. El día, pese a ser frío, nos regaló un sol espectacular, así que pudimos disfrutar de las vistas del estrecho y de los hermosos pueblos que lo flanquean. Por momentos tuvimos algún que otro deja-vu que nos recordó al crucero que realizamos en el Lago Como. El precio fue de 40 liras turcas por persona.

 

A la bajada del barco y dado que se encontraba muy cerca, pasamos por el Mercado de las Especias, un lugar de visita obligada no solo por la espectacularidad del recinto, sino por sus olores y colores y por sentir la esencia de un mercado tradicional de venta de productos artesanos. Se le conoce como Bazar Egipcio porque muchos de los productos que allí se vendían provenían de Egipto y la India, marcando el final de la ruta de la seda y siendo proveedor principal de los países del Mediterráneo.

 

En dirección oeste, tras una fatigosa cuesta arriba, se encuentra uno de los lugares más hermosos de Estambul: La Mezquita de Suleiman. Es la más grande de la ciudad y se encuentra ubicada sobre una colina, por lo que las vistas de la ciudad son geniales. Entre sus estructuras anexas se encuentra un hospital, una escuela un hammam, un cementerio y una cocina pública. El patio exterior es muy extenso, con columnas de mármol y cuatro minaretes de gran altura. El interior forma un cuadrado perfecto y su decoración es sutil, mezclando el color blanco del mármol con la artesanía en madera. Está considerada como la obra más representativa del arte islámico. La entrada es gratuita.

 

La última visita del día fue, como no podía ser de otra forma, el Gran Bazar, uno de los principales puntos de interés de la ciudad. Se trata de unos de los bazares más grandes del mundo, con más de 45.000m2 de avenidas y calles repletas de tiendas. Lo que en su día fue el principal foco económico del Imperio Otomano, hoy es un laberinto de comercios dedicados principalmente a la venta de oro, joyería, artesanía y productos textiles de dudosa procedencia. Si uno es amante de las marcas, en este lugar se pueden adquirir imitaciones perfectas por poco dinero. El regateo es parte de la cultura turca, por lo que aconsejamos estar preparados para negociar los precios de prácticamente todo lo que queramos comprar.

 

Volvimos caminando la calle Divan Yolu en dirección al hotel, donde a medio camino nos paramos a cenar en el Restaurante Pierre Loti, situado en el hotel del mismo nombre, cercano a la Plaza Sultanahmet. Desde la planta superior pudimos disfrutar de una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

 

Estambúl, Turquía (día 4)

Una mañana más, tomamos la línea de Tranvía T1 desde Sultanahmet hasta Kabatas, desde donde caminamos en dirección norte, dejando a un lado el espectacular Estadio de fútbol del Besiktas, para adentrarnos en el recinto que conforma el primero de los puntos de interés del día: el Palacio Dolmabahce.

 

El palacio fue construcido en 1853 por orden del sultán Abdul-Mejid I a modo de residencia, sustituyendo al obsoleto Palacio Topkapi. La visita, cuyo coste es de 60 liras por persona y que incluye una audioguía, recorre todas las estancias del palacio, incluyendo los jardines, el Harem, las habitaciones de los hombres, las habitaciones de las mujeres y niños, y los grandes salones. La decoración es ostentosa e incluye entre su colección la mayor araña de cristal de Bohemia del mundo. El principal punto de interés es la habitación de Mustafa Kemal Atatürk, fundador y primer presidente de la Turquía moderna, una figura venerada en el país que, a la edad de 57 años, falleció en esta estancia tras sobrevivir a una larga enfermedad. Su mandato supuso un cambio muy importante para el devenir de la nación y su muerte fue llorada por millones de turcos.

Tras la visita, deshicimos nuestros pasos hacia la estación de Kabatas para, en esta ocasión, tomar el funicular que nos llevaría directamente a la Plaza Taksim, el centro neurálgico de Estambul. La zona está repleta de cafeterías, restaurantes y tiendas, que se reparten a ambos lados de la Avenida Istiklal Caddesi, una de las principales arterias de la ciudad. Este es el principal lugar de celebración de acontecimientos y celebraciones públicas, aunque en los últimos tiempos ha sido hogar de protestas y manifestaciones políticas por parte de los ciudadanos turcos.

 

Algo escondida entre tiendas y cafeterías se encuentra la Iglesia de San Antonio de Padua. Sí, aunque suene raro, hay una iglesia católica en pleno centro de la capital turca. Esta edificación data de 1912, en estilo neogótico. Su aspecto exterior es muy llamativo, producto del ladrillo rojo intenso con el que está construida. El interior es esbelto y se compone de tres naves coronadas por un altar mayor iluminado por la luz que traspasa sus hermosas vidrieras. En el patio encontramos una escultura de Juan XIII, quien predicó durante diez años en esta iglesia. La entrada es gratuita.

 

Tras comer algo por la zona, aprovechamos nuestras últimas horas en Estambul para realizar algunas compras, volviendo al Gran Bazar y sus inmediaciones.

 

Pese a que el viaje continuaba, la pena nos invadía. Estábamos a punto de abandonar una de las ciudades que más hemos disfrutado de recorrer y que mejor nos ha acogido.

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