Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

Capadocia, Turquía (día 6)

Dado que teníamos por delante más de 4 horas de ruta por carretera, nos despertamos pronto, desayunamos algo en el hotel, hicimos el check-out y fuimos a buscar el coche al parking de la estación. Cargamos las maletas, programamos el gps y comenzamos nuestro camino.

 

Abandonamos Ankara en dirección sur tomando la carretera E90, que nos llevaría, bordeando el Tuz Gölü hasta Aksaray, donde tomamos un pequeño descanso para retomar nuestra ruta hasta nuestro destino final, Göreme, en la conocidísima región de Capadocia

 

A medida que nos alejábamos de Aksaray y nos acercábamos a Göreme el paisaje iba tornando en un color arena muy característico de la zona. Los miradores se multiplicaban a ambos lados de la carretera y no podíamos evitar pararnos en cada uno de ellos para tomar fotos. La zona estaba repleta de acantilados desde donde las vistas de las curiosas formaciones rocosas de la región eran perfectas. Tras algo más de 4 horas de camino, por fin llegamos al que sería nuestra cssa para las 2 próximas noches: el Aren Cave Hotel, un hotel cueva en Göreme, centro neurálgico de Capadocia. Hacía ya semanas que veníamos hablando vía whatsapp con el dueño del hotel, Ramazan. Un chico joven, muy amable, cuyo recibimiento fue inmejorable y que nos introdujo en la historia, la cultura y la forma de vida de los antiguos y actuales habitantes de la zona. Más adelante hablaremos más en profundidad de él, porque si este ha sido uno de los viajes más interesantes de nuestra vida es en gran parte culpa suya.

El hotel era genial. Muy bien situado y con todas las comodidades. Nuestra habitación era una de las más grandes y contaba con terraza privada con vistas privilegiadas, aunque con el frío que hacía no la utilizamos demasiado. Ramazan nos facilitó un mapa de la zona y nos dio alguna que otra indicación para realizar las visitas que teníamos programadas. Con toda esa información y con las ganas que teníamos, volvimos al coche para comenzar con las visitas. 

Nuestra primera parada fue el Göreme Open Air Museum, o Göreme Örenyeri, una zona repleta de cuevas excavadas en la roca a modo de iglesias que fue nombrada Patrimonio de la Humanidad según la Unesco desde 1984. La entrada tiene un coste de 30 liras turcas por persona y da acceso libre al recinto, que comprende gran cantidad de cuevas excavadas en la roca a modo de iglesia en las que se pueden apreciar motivos y pinturas del ámbito cristiano, obra de los primeros pobladores de la zona. El museo es muy interesante y supone una buena manera de introducir al visitante en la historia de la región.

La ruta planificada nos llevaba ahora en dirección este, hacia Ürgüp, donde pudimos tomar fotos a uno de los emblemas de la región, Las Tres Bellezas, unas formaciones rocosas en forma de chimeneas que son objeto de visita para el viajero curioso. Su forma y su disposición las hacen muy famosas, y son de visita obligada tanto para el turista que contrata un tour como para el que viaja por libre.

 

A poca distancia, en dirección sur, se encuentra otro de los puntos de interés de la zona de Göreme, el Castillo de Ortahisar. Siguiendo recomendaciones de Ramazan, el dueño de nuestro hotel, no lo visitamos, ya que no hay mucho que ver en su interior. Sin embargo, nos recomendó atravesar el pueblo y subir una colina hasta una tetería perdida por en medio del monte desde donde pudimos obtener la mejor de las vistas del castillo. Allí aprovechamos para tomar un té y descansar las piernas. Os dejamos unas fotos para que veáis la espectacularidad del lugar.

Con las pilas recargadas retomamos nuestra ruta, esta vez en dirección este, donde, tras unos minutos de carretera, llegamos a Pigeon Valley, un hermoso mirador que no desmerece a su nombre, ya que está repleto de palomas. Desde allí se obtienen unas maravillosas vistas del valle, con sus características formaciones rocosas. La zona tiene un encanto muy particular y las fotos que desde allí se toman son realmente hermosas.

 

La última visita del recorrido planificado quedaba algo más alejada, en dirección norte, atravesando Uchisar y prácticamente llegando a Avanos, se encuentra Pasabagi, la zona de mayor concentración de cuevas excavadas en la roca y chimeneas de toda Capadocia. También conocida como Valle de los Monjes, Pasabagi fue en su día un lugar de retiro espiritual. Sus numerosas iglesias-cueva fueron hogar para peregrinos y monjes de todo el mundo. En la actualidad los visitantes pueden explorar la zona de forma libre, ya que la entrada es gratuita. Además, el lugar está repleto de tiendas locales e incluso se ofrecen rutas en camello.  

 Volvíamos hacia el hotel mientras el sol caía cuando divisamos en lo alto de las montañas que rodean Göreme una enorme bandera turca, así que subimos con el coche colina arriba. En lo alto, un espectacular mirador desde donde pudimos disfrutar de las vistas de la localidad mientras anochecía y las luces de los hoteles y comercios se encendían. La estampa era realmente espectacular y es algo que creo que nunca podremos borrar de nuestra memoria. Allí entre naturaleza y acompañados de un amigo perruno que se unió a nuestra sesión de fotos, pudimos entender de una vez por todas el porqué de que cada vez más gente atraviese toda Turquía para visitar este mágico lugar.

 

Para acabar el día, cenamos en el Pumpkin Restaurant, a pocos metros de nuestro hotel. Calificado en 1º lugar en Tripadvisor, es un pequeño local con una decoración muy original que sirve comida casera y típica de la zona. La atención del personal es excelente y las raciones de comida son abundantes. Recomendamos a todo aquel que visite Göreme que cene en este local.

Capadocia, Turquía (día 7)

El día de hoy empezaba con una pequeña desilusión. Tras levantarnos a eso de las 6 de la mañana, un shuttle bus nos esperaba en la puerta del hotel para llevarnos a las afueras de Göreme. Allí teníamos que disfrutar de una de las mejores aventuras que ofrece Capadocia: un vuelo en globo. En aquella explanada había cerca de 30 buses más, todos ellos llenos de gente que, igual que nosotros, había madrugado con la esperanza de poder volar. Lamentablemente, las condiciones climatológicas no eran las adecuadas y la excursión se canceló tras más de 20 minutos de espera.

 

 

Volvimos al hotel algo apenados, pero no podíamos dejar que ese pequeño revés nos fastidiara el día, así que con la ayuda de Ramazan organizamos la ruta del día, que nos llevaría a explorar la Ciudad Subterránea de Kaymakli, a una media hora de Göreme.

La visita, en la que recomendamos, por experiencia propia, la ayuda de un guía, nos conduce por una serie de pasadizos y estancias excavadas en la roca a modo de refugio por los antiguos pobladores de la región, de religión cristiana, ante las acometidas de los musulmanes. Las cuevas están divididas en diferentes pisos, cada una para una clase social diferente, estando la planta noble más cerca de la salida y la planta de los esclavos en la parte más profunda. Las estancias se dividen básicamente en dormitorios, salas de reunión y oración y almacenes de comida, agua y vino, todo ello excavado en la roca, pensando en el más mínimo detalle, como la filtración de agua en caso de lluvia, la comunicación en caso de ataque, la ventilación y el aislamiento en caso de que fuera necesario. El tour no es apto para claustrofóbicos, pero resultó ser muy interesante. Nuestro guía hablaba un perfecto español y nos ayudó a crearnos una idea de cómo era la vida bajo tierra en aquella época.

Tras salir de la cueva recibimos un whatsapp de nuestro amigo Ramazan, donde nos comentaba que se intentaría un nuevo vuelo en globo al mediodía, así que volvimos hacia Göreme con la esperanza de poder vivir de una vez por todas esa experiencia.

 

Después de más de 40 minutos de espera en la misma explanada donde habíamos estado a primera hora de la mañana y con un sol radiante y el cielo despejado, el Gobierno comunicó su autorización para volar. Fue toda una alegría!

 

El equipo de técnicos empezó a inflar el globo con unos ventiladores enormes enchufados a un generador. En pocos minutos el globo estaba listo para su despegue. Nos montamos algo nerviosos, intentando guardar una esquinita para tener unas mejores vistas panorámicas. Casi sin darnos cuenta nos empezamos a elevar, alcanzando en poco tiempo los 600 metros de altitud. Las vistas eran espectaculares y, dado que el viento era prácticamente nulo, el vuelo fue suave y placentero. Nuestro piloto estuvo en todo momento atento a que los 16 ocupantes estuviéramos cómodos y realizó un recorrido por toda la región, bordeando el valle y rodeando la orografía de la zona. El vuelo duró, más o menos, 1.15h y nos supuso un coste de 100€ por persona (hay opciones más baratas, pero Ramazan nos había aconsejado no contratarlas, ya que muchas de ellas no respetan del todo las medidas de seguridad obligatorias). Una vez vivida, podemos asegurar que ha sido una de las mejores experiencias de nuestra vida. Las fotos, como viene siendo habitual, no hacen justicia a la belleza de la zona y la espectacularidad de las vistas, aun así son una buena muestra de lo vivido y una invitación a cualquiera que dude en realizar este tipo de actividades en Capadocia.

Regresamos al centro de Göreme cuando el sol ya caía. Aprovechamos para callejear algo y entrar en algún que otro souvenir. A eso de las 8 cenamos en el Restaurante Inci Cave, puntuado en sexta posición en Tripadvisor en la categoría de restaurantes de precio moderado. El local está excavado en la roca, a modo de cueva. Sus dimensiones no son muy grandes, pero la carta es variada y la atención es excelente. Una opción muy recomendable.

 

Tras la cena, nos dirigimos al hotel para descansar, después de un día de grandes experiencias y teniendo en cuenta que el día siguiente nos esperaba un largo camino en dirección a Ankara.

Capadocia, Turquía (día 8)

Con mucha pena por abandonar Capadocia, realizamos el check-out, nos despedimos de nuestro amigo Ramazan y nos subimos al coche. Antes de retomar la ruta hacia Ankara nos desviamos ligeramente del camino para visitar el Valle de Ilhara, en la provincia de Aksaray.

 

La zona, compuesta de roca volcánica, compone un enorme cañón repleto de iglesias y templos excavados en la piedra rodeados de naturaleza y repartidos a lo largo del curso del Río Melendi. El lugar posee un alto valor histórico, así como una gran importancia biológica, dada la cantidad de especies endémicas que allí se encuentran.

 

Tras la visita, retomamos nuestra ruta en dirección noroeste hacia Ankara, deshaciendo los pasos recorridos dos días antes por la siempre cómoda carretera D-750, dejando atrás el majestuoso Lago de Sal y adentrándonos, casi 4 horas más tarde, en la capital turca.

 

Devolvimos el coche en el córner de Sixt de la Estación de Trenes de Ankara a eso de las 16.00h. Nuestro tren exprés hacia Estambul no salía hasta las 19h, sin embargo nos dimos cuenta de que 2 horas antes salía otro con el mismo destino, así que nos acercamos a las ventanillas de TCDD y por solo 5 liras turcas realizamos el cambio y pudimos abordar antes de lo previsto.

 

En el tren, como pasó en la ida, habíamos reservado asiento en Business Class, por lo que pudimos ir semirecostados y pudimos disfrutar de una comida consistente en un plato de pasta con salchichas. El viaje se hizo relativamente ameno entre cabezada y cabezada y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos nuevamente en Estambul.

 

Al salir de la estación el cielo nos recibió con una fina lluvia que nos acompañó en nuestro trayecto a pie de apenas 5 minutos hasta la que sería nuestra última casa en Turquía: el Inara Pendik Hotel.

 

El hotel era pequeño pero parecía muy bien cuidado. El check-in fue rápido. La habitación era espaciosa y muy cómoda, así que sin más, y después de una relajante ducha, nos fuimos a dormir agotados de un día de puro viaje.

Capadocia, Turquía (día 9)

Última mañana en Turquía. No teníamos tiempo de visitar nada, así que desayunamos algo rápido y procedimos con el check-out.

 

Definitivamente el hotel no había sido un acierto. Pese a ser una de las mejores opciones de la zona si tu vuelo es operado a través del Aeropuerto Sabiha Gökçen o si tienes que tomar un tren en la estación de Pendik, el establecimiento no es gran cosa. El aislamiento de las habitaciones es horrible y puedes oír perfectamente la televisión de tu vecino, el personal apenas habla inglés y el desayuno es de mala calidad. Aun así, dada la oferta que existe en la zona, puede que no estuviera del todo mal.

 

Un taxi nos condujo a toda velocidad en dirección al Aeropuerto, donde, tras pasar 2 controles de seguridad, accedimos a la terminal de salidas y tomamos nuestro vuelo de vuelta a España:

  • Salida Estambul a las 11.05h. Llegada a Barcelona a las 12.45h.

  • Salida Barcelona a las 15.45h. Llegada a Estambul a las 16.35h.

El vuelo a Palma se retrasó cerca de 1 hora, por estar en obras una de las pistas del Aeropuerto de Barcelona, pero finalmente llegamos a casa sin más sobresaltos.

Como viene siendo habitual en nuestros viajes, la mezcla de sentimientos entre agotamiento y satisfacción era en esta ocasión mucho más acentuada. Habíamos planeado el viaje con muy poca antelación, pero nos había salido redondo. Habíamos descubierto un país alucinante, lleno de rincones maravillosos y repleto de gente excelente.

Viajar abre la mente y ayuda a eliminar prejuicios y este ha sido un claro ejemplo de ello. Animamos a todas aquellas personas que no visitan Turquía por miedo a que dejen de lado ese sentimiento y se dejen enamorar por este estupendo país que ha sido para nosotros un increíble descubrimiento. Turquía, esto no es un adiós, es un hasta pronto!

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