Viajando en Clase Turista
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Thun - Oberhofen - Berna - Gruyères, Suiza (Día 3)

Primera noche en nuestro apartamento de Bulle y no podíamos estar más contentos. Las instalaciones eran estupendas y pese a haber dormido solo una noche ya nos sentíamos como en casa.

 

Tras un rápido desayuno, nos pusimos con la ruta del día, que como primer punto de parada tendría la ciudad de Thun, la tercera mayor ciudad del cantón de Berna. Bañada por el Lago Thunersee, Thun ubica su centro en un islote en el extremo oeste, rodeado por el río Aar. El trayecto desde Bulle nos tomó apenas 1 hora de camino en coche.

 

Aparcamos en el Parking Nord, a la entrada del casco histórico de la ciudad y desde allí caminamos para descubrir los principales puntos de interés. Empezamos por la Rathausplatz, la plaza del Ayuntamiento, centro neurálgico de Thun y lugar de celebración de las principales festividades y eventos locales. Desde allí se divisa a lo alto de la colina el Castillo de Thun, emblemática edificación del S. XII a la que se accede desde Rathausplatz a través de unas escalinatas cubiertas a las que se accede por un escondido callejón. Cruzamos el mítico Untere Schlessenbrücke, el puente de madera que sirve a las veces de esclusa y que conecta el centro de la ciudad con la parte más moderna y animada. Paseamos por el borde del río por la calle Scherzligweg hasta las inmediaciones del Parque Schaudapark, puerta de entrada al lago Thunersee.

 

La visita a la ciudad nos tomó prácticamente 2 horas. Deshicimos nuestro camino al parking, agarramos el coche y continuamos nuestra ruta en dirección este, por Hofstettenstrasse hasta Oberhofen.

 

El trayecto duró apenas 6 minutos. El motivo principal de nuestra visita era conocer el imponente e infinitamente fotografiado Castillo de Oberhofen. Erigido en el S. XIII, esta fortificación es una de las más conocidas de toda Suiza. Su situación, a orillas del Lago Thunersee refleja una estampa preciosa, que atrae a decenas de miles de turistas cada año.

 

Dada nuestra ubicación, y pese a que era una visita programada para el siguiente día, decidimos visitar la ciudad de Berna, capital del país y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1983, gracias a su excelentemente bien conservada arquitectura medieval.

 

La ciudad en sí es impresionante, no obstante, la palma se la lleva el majestuoso Nydeggbrücke, un imponente puente que sirve de entrada a la ciudad antigua y que supone una de las estampas más famosas de Suiza. Atravesando la estructura, a pocos metros, aparcamos nuestro coche en el parking público ubicado junto al Ayuntamiento y desde allí comenzamos nuestra ruta a pie por Kramgasse, la avenida más comercial de la ciudad, repleta de comercios y restaurantes, para encontrarnos de frente con el primer punto de interés, el Zytglogge o Torre del Reloj, una construcción que data del 1191 cuyo principal atractivo es el reloj de cuco, que se pone en funcionamiento 4 minutos antes de la hora en punto.

 

Continuando con nuestra ruta a pie, por Marktgasse, avenida principal de la ciudad que contiene hasta 11 fuentes públicas, aprovechamos para tomar un helado junto a la Iglesia del Espíritu Santo, frente a la estación principal de Berna. Desde allí, proseguimos en dirección sur para conocer el Parlamento y el Palacio Federal, principales edificios administrativos del país, ambos ubicados en la famosa Bundesplatz. A pocos metros nos encontramos con el principal y más alto edificio religioso de Suiza, la Catedral de Berna, cuya construcción se demoró más de 400 años, iniciándose en 1421 y culminando en 1893. Junto a ella, el Münsterplattform, los jardines de la catedral. 

El sol se iba apagando y, pese a estar encantados con nuestra visita a la ciudad, decidimos emprender el camino de vuelta hacia el coche para volver a casa. No obstante, dado que Julia se estaba portando tan bien y nosotros seguíamos teniendo ganas de descubrir lugares interesantes, aprovechamos el camino para realizar una parada estratégica a pocos kilómetros de nuestro apartamento para visitar el archiconocido Castillo de Gruyères.

 

Esta fortificación, que data del S.XI, se encuentra ubicada en un entorno idílico. La localidad de Gruyères, de donde procede el famoso queso, es preciosa. Sus suelos adoquinados, su trazado irregular y su ambiente amigable la convierten en una de las más bellas del país. El castillo se levanta a lo alto de una colina en los Prealpes Friburgueses, desde donde alcanza a verse todo el valle, lleno de granjas y pequeñas casas. La estructura del castillo, pese a ser sobria, da la sensación de encajar perfectamente con el paisaje montañoso que lo rodea. 

 

La noche nos sorprendió visitando el lugar y Julia empezaba a estar cansada después de tanto ajetreo, así que decidimos volver al apartamento tras haber vivido uno de los días más interesantes de lo que llevábamos de viaje.

 

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