Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

Ginebra, Suiza (Día 1)

Nuestro primer viaje siendo padres, qué responsabilidad, ¡pero a la vez qué ilusión! Estaríamos recorriendo Suiza durante 10 días con nuestra pequeña Julia y la primera aventura sería hacer la maleta. ¿Qué metemos? ¿Qué dejamos? ¿Necesitaremos esto? ¿Y esto otro? Al final optamos por ir sobre seguro y no improvisar: paquetes y fórmula para parar un tren, ropa fina y de abrigo, portabebés y nuestro estupendo carrito de viaje Yoyo Babyzen, que incluso puede embarcarse en cabina como una maleta de mano más.

 

Llegamos al Aeropuerto de Palma unas 2 horas antes de la hora de salida, facturamos la maleta grande, pasamos el control de seguridad y nos dirigimos hacia la puerta de embarque. Todo apuntaba a que el avión partiría de hora, así que solo quedaba esperar.

  • Salida Palma a las 15.20h. Llegada a Ginebra a las 17.05h.

 

La atención del personal de Easyjet fue inmejorable. Estuvieron atentos a nosotros para que Julia estuviera lo más cómoda posible. Ella, como no podía ser de otra manera, se portó genial. Durmió prácticamente todo el vuelo y a eso de las 17h aterrizamos en el Aeropuerto de Ginebra.

 

Un tip viajero: en la sala de recogida de equipaje, junto a la puerta de salida, hay una máquina que expide billetes de tren gratuitos para los visitantes que tienen una duración de 80 minutos y que pueden usarse para dirigirse al centro de la ciudad. 

 

El trayecto hasta la Estación de Cornavin dura unos 7 minutos. Nuestro hotel, el Hotel International & Terminus, se encontraba a apenas 2 minutos caminando desde allí. La atención del personal de recepción fue muy cordial y el check-in fue rápido. La habitación, a la que habían añadido una cuna, estaba en el primer piso y tenía vistas a la zona de la estación. Las instalaciones eran muy cómodas y estaban realmente limpias. 

Una vez acomodados decidimos salir a conocer la ciudad, aunque solo fuera por unas horas. Así pues, caminamos en dirección sur, cruzando el Pont du Mont-Blanc, para conocer uno de los rincones más conocidos de Ginebra, L’Horloge Fleurie, un reloj de flores creado en 1955 ubicado en el Jardin Anglais, el principal parque urbano del lugar y desde el que se obtienen las mejores panorámicas de la Jet d’Eau, el chorro de agua, símbolo de la ciudad, que es visible desde cualquier lugar de esta.

 

Tras el ligero paseo, a modo de toma de contacto, volvimos al hotel para descansar y planear el día siguiente.

Ginebra, Suiza (Día 2)

Tras desayunar algo en la cafetería del hotel, realizamos el check-out, puesto que esa misma tarde abandonaríamos Ginebra, aunque volveríamos una semana después para acabar de conocerla a fondo.

 

Comenzamos el día conociendo el casco antiguo de la ciudad, recorriendo sus calles empedradas y sus cuestas interminables. El primer punto de interés sería la Place du Bourg-de-Four, una animada zona de cafeterías y tiendas foco de reunión de los locales. A pocos metros se alza el principal edificio histórico de Ginebra: la Catedral de St.Pierre, cuya construcción data del siglo IV, en plena época romana. En su origen fue un templo católico, pero tras la Reforma, se convirtió en una catedral protestante. A lo largo de la historia ha experimentado distintas obras de mejora o decoración, que la hacen lucir con el imponente aspecto que luce hoy en día.

En sus inmediaciones encontramos otros rincones interesantes, como son el Passage de Monetier, un hermoso callejón, o l’Ancien Arsenal, un pequeño almacén de cañones.

 

El sinuoso trazado de las calles del casco antiguo de Ginebra nos condujo, casi sin esperarlo a uno de los principales pulmones de la ciudad: el Parc des Bastions, una extensa zona verde, de más de 64.000 metros cuadrados, construida en 1720, que alberga el monumento conocido como Muro de los Reformadores, en honor a cuatro figuras prominentes del movimiento de reforma protestante: Guillaume Farel, John Calvin, Theodore Beza y John Knox.

La mañana se completó con la visita a la Sede de las Naciones Unidas en Ginebra, a la que por razones obvias no se puede acceder. En el exterior se erige el monumento conocido como Chaise Casée, una enorme silla con una pata rota fabricada en madera con un peso de 5,5 toneladas y una altura de 12 metros que simboliza el rechazo de la sociedas suiza al uso de las minas antipersona y las bombas de racimo.

El tiempo en Ginebra se nos acababa (por ahora), así que nos dirigimos al hotel para recoger nuestras maletas, tomamos nuevamente el tren hacia el Aeropuerto de Ginebra y nos dirigimos a la zona de las compañías de alquiler de coche.

 

Avis, compañía que suele colaborar con nosotros en este tipo de aventuras, nos obsequió con un upgrade en nuestra reserva y nos entregó las llaves de un Opel Mokka 4x4 automático nuevo de trinca y sin coste extra. 

Tras familiarizarnos con el coche y con todo el equipaje cargado en el maletero, iniciamos nuestra ruta de 1 hora y cuarto hasta Bulle, localidad en la que nos hospedaríamos las 4 siguientes noches. Nuestra casa sería el Hine Adon Aparthotel, un pequeño establecimiento en el centro del pueblo cuya relación calidad-precio era muy apreciada por los turistas. El apartamento que se nos asignó estaba en un edificio a unos 30 metros de la recepción. Su tamaño era impresionante y disponía de todas las comodidades necesarias. El check-in fue inmejorable. Marcelo, un chico de orígenes chilenos, nos atendió de manera espectacular.

 

Tras acomodarnos, nos acercamos a un supermercado de la zona para hacernos con algunas provisiones para los siguientes días en el apartamento.

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