Viajando en Clase Turista
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Kaikoura (Visita a las ballenas)

Nuestra primera noche en el All Stars Inn había ido muy bien. Habíamos podido descansar y cargar pilas para lo que nos esperaba. Este día sería intenso en lo físico, ya que suponía muchas horas de carretera, pero, como siempre, lo afrontamos con muchas ganas.

 

Tomamos nuevamente la ruta 1, esta vez en dirección norte, siguiendo su serpenteante recorrido hasta llegar a nuestro destino final: Kaikoura.

 

Este pueblo, que supera por poco los 2.000 habitantes, se encuentra a unos 180km de Christchurch y se unas 3 horas en llegar. Se puede visitar tanto en tren como por carretera. Su principal atractivo es Whale Whatch Kaikoura, la empresa que realiza trayectos en barco para avistar ballenas, cachalotes, delfines, leones marinos, aves, etc.

 

Nos pusimos en contacto con ellos para contratar nuestra visita y amablemente nos ofrecieron un descuento del 50% en los tickets. Todo un detalle! Y más teniendo en cuenta que el coste por persona es de 150$.

La experiencia fue una mezcla de sensaciones. Al principio uno está muy emocionado por ir a ver ballenas, pero el barco digamos que no goza de una estabilidad notable. Este tour no es apto para gente que se marea fácilmente. Podemos decir que vimos a un 50% del pasaje con una bolsa de papel en la mano y haciendo amagos de vomitar. Y eso que el mar estaba realmente tranquilo, imagínate en un día con el mar movido…

 

La experiencia vale la pena si uno obvia lo mal que se pasa cuando se está mareado. Ver las ballenas a pocos metros de ti, con su enorme tamaño, expulsando aire al exterior a través del orificio de su lomo y sumergiéndose en el agua mostrando su imponente cola, es realmente maravilloso. La escena te hace sentir pequeño y vulnerable. Aprecias lo grandioso de la naturaleza. Pese al mareo, es una vivencia única.

En nuestro trayecto, en el que un miembro de la tripulación nos mostraba vídeos y nos explicaba las características de las especies que habitan esa zona de Nueva Zelanda, pudimos avistar 2 ballenas, así como infinidad de aves, focas y delfines.

 

Tras unas 3 horas de ruta, llegamos de nuevo al puerto, algo mareados, pero felices por lo vivido. Lo peor era que se estaba haciendo de noche y aún nos quedaban 3 horas más de coche hasta el hotel. Fue un día duro, pero estas son de esas experiencias que uno no se cansa de contar.

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