Viajando en Clase Turista
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DÍA 5 (19 julio 2018) – GOUDA – CASTILLO DE HAAR - UTRECHT

Nos levantamos relativamente pronto y nos pusimos en marcha, no sin antes disfrutar de nuestro desayuno sorpresa en la cafetería del hotel. Acto seguido nos subimos al coche y emprendimos nuestra ruta en dirección sur. El primer punto de visita del día sería la mundialmente conocida ciudad de Gouda.


Gouda es un pequeño municipio de no más de 90.000 habitantes situado en la provincia de Holanda Meridional cuyo principal activo es la fabricación del Queso Gouda. En el siglo XIII, la ciudad adquirió una gran importancia en el aspecto comercial y se convirtió en pieza clave de los acuerdos de mercado entre Francia y Holanda. Su época
de esplendor se extendió hasta el siglo XVI, cuando la peste y el hambre arrasaron con su población hasta dejar la ciudad prácticamente desierta. La imagen actual de Gouda se remonta al siglo XIX, cuando las murallas de la ciudad empezaron a ser derruidas, dando paso a plazas y calles más amplias. Además, se restauraron edificios importantes como el Ayuntamiento y el Peso Público, que hoy dan lugar al mayor atractivo turístico de la ciudad, el Kaasmarkt, un mercado local de quesos (y de otros productos) que se celebra todos los jueves de julio y agosto y que hace las delicias de los visitantes, sobre todo de los amantes del queso.


En nuestra visita realizamos un breve recorrido por las calles de Gouda, visitando el Museo del Queso y el mercado, en el que pudimos degustar una gran variedad de quesos y, como no, comprar alguna que otra pieza. Si venís en coche, os aconsejamos aparcar en el parking público Q-Park Nieuw Markt, el más cercano a las calles principales de la ciudad.


Nuestra siguiente parada, a apenas 30 minutos en coche desde Gouda, fue el Castillo de Haar, una fortificación que data del año 1391 propiedad de la familia De Haar y que, con el paso de los años, acabó en manos de la familia Rothschild, quien mandó restaurarlo en 1892 y darle la imponente imagen que tiene hoy en día. El castillo se sitúa
a las afueras de Utrecht y tiene parking propio, con un coste de 5 euros. La entrada, tanto para el castillo como para los jardines, tiene un coste total de 16 euros por persona y da acceso a todo el recinto. Los jardines son tan enormes como espectaculares, su dimensión da buena cuenta de la opulencia de sus propietarios, cuya vida se puede conocer realizando el recorrido por el interior del castillo. La visita a las instalaciones deja un regusto amargo. Sus autores han pretendido organizar un museo de maniquíes disfrazados de personajes famosos, mostrando así las influyentes relaciones y amistades de los Rothschild, sin embargo, es algo que, en nuestra humilde opinión, desmerece lo hermoso del recinto y lo interesante de la historia que alberga.

 

Tras una ligera (y escasa) comida en la cafetería del castillo, retomamos nuestra ruta en dirección este, alcanzando en apenas 30 minutos nuestro último punto de interés del día, la hermosa ciudad de Utrecht.


Ubicada en el centro de los Países Bajos, Utrecht es uno de los principales centros económicos e industriales del país, además de la segunda ciudad más visitada del país. Su diseño medieval y la distribución de sus canales, le otorgan un atractivo especial, motivo por el que recibe cada año un mayor número de visitantes. Además, su nombre se asocia inmediatamente a uno de los tratados de guerra más importantes de nuestro país, el Tratado de Utrecht, relativo a la Guerra de Sucesión española en el siglo XVIII, que determinó las soberanías sobre varios territorios entre las diversas potencias europeas.


Aprovechamos nuestra visita para conocer el centro de la ciudad, cuyo eje central es la Catedral de Utrecht, edificio gótico coronado por una enorme torre de 112 metros de altura que es el sello distintivo de la ciudad. Desde allí callejeamos por las distintas arterias comerciales de la localidad, mezclándonos con turistas y locales y descubriendo rincones increíbles. Acabamos nuestra ruta tomando algo en una terraza, antes de emprender la ruta de vuelta hasta el parking.


El sol ya caía, así que decidimos irnos hacia nuestro siguiente hotel, a solo 15 minutos de Utrecht, en la pequeña localidad de Zeist. El escogido en este caso sería el majestuoso Woudschoten Hotel & Conferentiecentrum, un establecimiento situado en medio del bosque, rodeado de naturaleza, que ofrece una opción muy recomendable si uno visita Utrecht y quiere alojarse lejos del bullicio de la ciudad. Las instalaciones, pese a estar en plena reforma, son espectaculares y la atención del personal fue muy buena. El check-in fue muy rápido y nos obsequiaron con una bebida de regalo en el bar del hotel. Además nuestra reserva incluía desayuno. La habitación, pese a estar algo
alejada de la recepción y el parking (con lo que supone arrastrar una maleta por un camino de gravilla), estaba muy limpia y era muy acogedora. La estancia allí fue genial.

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