Viajando en Clase Turista
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DÍA 4 (18 julio 2018) – EDAM – ZAANSE SCHANS – HAARLEM

Como cada mañana nos despertamos pronto, una ducha rápida, un desayuno comprado en el mismo supermercado del hotel y a la carretera.

 

La ruta de hoy nos llevaría a Edam, una pequeña localidad con no más de 8.000 habitantes famosa en el mundo entero por su elaboración de queso con denominación de origen. El motivo de nuestra visita era la celebración del Kaasmarkt, el mercado de queso que se celebra todos los miércoles de julio y agosto y que se ha convertido en la principal atracción turística de la zona.

 

Aparcamos en el parking que se encuentra a la entrada del pueblo y desde allí caminamos siguiendo a la multitud. Una fanfarria nos recibió a las puertas del Ayuntamiento y casi sin darnos cuenta nos habíamos enrolado en un numeroso desfile de gente vestida con el atuendo típico holandés que recorrió varias calles hasta llegar a la plaza principal. Allí tuvo lugar todo el show. Los maestros queseros pesaban sus enormes piezas en una balanza de hierro mientras una orquesta tocaba música local. La zona estaba repleta de puestos de venta de queso y las terrazas de los bares estaban a rebosar. Entramos en el pueblo pensando pasar 20 o 30 minutos y acabamos pasando 2 horas y media. La experiencia fue muy agradable y acabamos volviendo al coche con cerca de 5kg de queso en nuestra mochila.

 

Tras la visita a Edam, proseguimos nuestro camino por tierras neerlandesas en dirección sur, donde tras apenas 30 minutos de carretera nos esperaba nuestro siguiente punto de interés: Zaanse Schans, un vestigio de la Holanda pre-industrial situado en el municipio de Zaanstad. Es, sin duda, la imagen de los Países Bajos, una zona repleta de molinos y tiendas de productos artesanos.


El parking se encuentra junto al Zaans Museum, junto a la carretera, y tiene un coste fijo de 10 euros. Zaanse Schans recibe la visita de más de 900.000 turistas, atraídos por su enorme colección más de 200 molinos, la mayoría de ellos aún en funcionamiento. Es un lugar perfecto para tomar fotos y dejarse deleitar por el paisaje, que es de los que no dejan indiferente a nadie. Creemos que es sin duda un must do para cualquiera que realice un road trip por tierras holandesas.

 

Nuestro hotel se encontraba a muy poca distancia de Zaanse Schans, en Zaandijk, junto al río Zaan, del que teníamos vistas privilegiadas desde nuestra habitación. El Hotel Zaandijk es un pequeño establecimiento al otro lado del Julianabrug, que pese a estar en reformas, resultó ser una elección muy acertada, puesto que el trato del personal fue exquisito y la estancia fue realmente confortable. Además, nos sorprendieron incluyendo el desayuno en nuestra reserva sin coste extra. Un detalle a agradecer.


Después del check-in y un rápido reconocimiento de la habitación, retomamos la ruta por carretera para conocer el último punto de interés del día: la ciudad de Haarlem, que dio nombre al barrio neoyorquino que todos conocemos. De hecho, la propia localidad de Manhattan se llamó en su día Nieuw Haarlem, hasta que los británicos tomaron
posesión de ella y le otorgaron su nombre actual: New York.


El trayecto en coche fue de unos 35 minutos. Fiándonos de nuestro GPS aparcamos en el parking público de la estación de trenes. Más tarde nos dimos cuenta de que había algún otro mucho más cerca del centro. Aun así la caminata fue de no más de 10 minutos hasta llegar a Grote Markt, el epicentro de Haarlem y lugar de reunión de turistas y locales. Desde allí callejeamos para descubrir el centro histórico, empezando por la Catedral de San Bavón, principal iglesia de la ciudad, el Vleeshal y el Ayuntamiento. También recorrimos el área comercial y los canales que rodean el casco antiguo. La ciudad resultó ser muy animada y entendimos porqué mucha gente se hospeda aquí para visitar Amsterdam, ya que el trayecto en tren entre ambas ciudades es de apenas 20 minutos y el precio del alojamiento es ligeramente más bajo que en la capital.

 

Ya caía la noche cuando volvimos a Zaandijk. Cenamos una deliciosa pizza en el restaurante del hotel, al borde del río, con un clima espectacular y unas vistas privilegiadas. Un lujo.

 

 

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