Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

DÍA 1 (15 julio 2018) - AMSTERDAM

 

  • Salida Palma a las 10.25h. Llegada a Ámsterdam a las 13.05h.

Aterrizamos en el Aeropuerto de Schipol con algo de retraso, a eso de las 13.30h. No obstante, dado que viajamos sin maleta facturada, el trámite en el aeropuerto fue rápido. En el mismo hall de llegadas y salidas hay una estación de tren y metro con destinos que cubren toda la geografía holandesa. Nosotros compramos nuestro billete de tren hasta Amsterdam Centraal, la estación principal de la ciudad, cuyo trayecto tiene una duración de unos 18-20 minutos y un coste por persona de 5,30 euros.

Ya fuera de la estación, nos encontramos con la parada de tranvías. Existen diferentes tipos de billetes que cubren la totalidad del transporte público de la ciudad (bus, metro y tranvía), en nuestro caso optamos por un billete de 24 horas, con un coste de 7,50 euros por persona. Pueden comprarse en el mismo tranvía y se pagan siempre con tarjeta. Una vez comprado el billete, agarramos la línea de tranvía número 5, que en apenas 10 minutos nos llevó hasta la parada de Museumplein, la más cercana a nuestro hotel, el XO Inner Ámsterdam.

El establecimiento es pequeño y no está en el centro de la ciudad, aun así se encuentra a unos 4 minutos caminando desde la parada de tranvía. La habitación estaba muy bien equipada y limpia, el desayuno no está incluido y se encuentra en una zona residencial de elevado nivel adquisitivo, repleta de bares y restaurantes y a poca distancia de la zona de museos.

Tras el check-in comenzamos nuestra ruta por Ámsterdam visitando Dam, la plaza principal de la ciudad, epicentro de actos culturales y manifestaciones políticas, sirve de inicio o final de varias de las principales arterias comerciales de la capital holandesa. En ella encontramos el Monumento Nacional, un pilar de piedra blanca construido en memoria de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

La plaza alberga edificios de gran importancia en la historia neerlandesa, véase el neoclásico Palacio Real, que sirvió como ayuntamiento y residencia real, y que ahora alberga actos y exposiciones; o la gótica Nieuwe Kerk, una antigua iglesia católica que hoy en día sirve, además, como sala de exposiciones y museo.

A pocos pasos, junto al canal Singel, uno de los más transitados de Amsterdam, encontramos el Bloemenmarkt o Mercado de las Flores. Sus puestos de venta de flores, plantas y bulbos, además de suvenires y productos de alimentación, se distribuyen a lo largo de la orilla del canal desde el año 1883. El paseo por el mercado es muy agradable. Aprovechamos para comprar algún que otro imán de recuerdo y para visitar las diferentes tiendas de queso que hay por la zona.  

Teniendo en cuenta que ese día se celebraba la final del Mundial de Fútbol de Rusia 2018, que enfrentaba a Francia y Croacia, decidimos desviar nuestra ruta para ir a Rembrandtplein, la zona de bares más concurrida de Amsterdam. Cuando llegamos allí, con el partido ya empezado, encontramos una auténtica locura. Los bares y cafeterías estaban llenos de franceses animando a su selección. Gente sentada, de pie, en las calles, por todos lados! Entre tanta aglomeración tuvimos tiempo de ver algún que otro gol y vivir la alegría del público galo cuando vio que su país se convertía nuevamente en campeón del mundo.

 

Tras la divertidísima pero agotadora experiencia, desandamos nuestros pasos en dirección noroeste, bordeando nuevamente el canal Singel y cruzándolo por Raadhuistraat hasta llegar a Westerkerk, iglesia de estilo renacentista con un interior austero y un exterior sobrio, coronado por una imponente torre desde la que se obtienen unas geniales vistas de la ciudad.

 

A pocos metros se encuentra el que sería el último de los puntos de interés a visitar en ese día, la Casa de Ana Frank, el lugar secreto en el que la pequeña Ana y su familia, de origen judío, vivieron escondidos de los nazis durante más de 2 años. La visita es de las que pone la piel de gallina y es una de las atracciones turísticas más visitadas en el mundo. La entrada para adultos cuesta 10,50 euros por persona e incluye una audioguía que te ayuda a entender cómo fue la vida de los Frank durante el tiempo que vivieron allí.

 

Pese a haber llegado a Amsterdam pasado el mediodía, la tarde nos había cundido muchísimo y habíamos podido conocer lugares muy interesantes. Así que con la satisfacción del deber cumplido y los pies molidos de tanta caminata, nos fuimos a descansar al hotel para tomar fuerzas para el siguiente día.

 

 

DÍA 2 (16 julio 2018) - AMSTERDAM

 

Tras la primera noche en Amsterdam, en la que habíamos dormido como bebés tras el ajetreo del viaje y la caminata del día anterior, tocaba emprender la ruta del segundo día.

 

El recorrido empezaría por la zona más próxima a nuestro hotel, el área de los museos, Museumplein, visitando, como no podía ser de otra forma, el Museo Van Gogh. Contactamos semanas antes con ellos para informarles de nuestra intención de visitar sus instalaciones y nos ofrecieron un pase gratis de prensa. Desde aquí queremos agradecerle el apoyo a esta sencilla web y la enhorabuena por lo espectacular de sus instalaciones. Es una visita obligada si uno visita Amsterdam. La entrada regular tiene un coste de 18 euros por adulto y el alquiler de la audioguía (que recomendamos encarecidamente) cuesta otros 5 euros por persona. Nuestra visita duró unas 2 horas y en ella pudimos apreciar la historia de este genial autor, explorando tanto su obra como su vida personal, desde su relación de amor-odio con Gauguin hasta su reclusión en un centro psiquiátrico tras varios episodios de locura.

 

A pocos metros del museo se encuentra otro de los focos culturales de la ciudad, el Rijksmuseum, hogar de la más amplia colección pictórica del Siglo de Oro neerlandés y principal museo del país. Entre sus innumerables obras, encontramos algunas de autores tan conocidos como Vermeer, Hals y Rembrandt. La entrada tiene un coste de 17,50 euros por persona y es también visita recomendada en la ciudad.

 

Justo a la entrada se ubica el infinitamente fotografiado cartel I Amsterdam, símbolo de la ciudad que sirve de rocódromo para algunos turistas que escalan sus enormes letras para hacerse una de las fotos menos originales de Amsterdam.

 

Un corto paseo en tranvía nos llevó hasta Nieuwmarkt, antigua zona amurallada de la ciudad de la que solo queda el edificio denominado Waag, que fue una de las puertas de la fortificación. Desde aquí continuamos nuestro paseo a pie, pasando por Oude Kerk, la vieja iglesia parroquial que fue construida en el año 1306 y que está considerada el edificio más antiguo de Amsterdam.

 

Sin darnos cuenta (o quizá sí…) nos adentramos en una de las zonas más conocidas de la ciudad en el mundo entero, el Barrio Rojo, hogar del vicio y los placeres ocultos. Sus callejuelas se retuercen y atraviesan entre ellas dándole al lugar un aspecto lúgubre. Los famosos coffee shops, las tiendas de artículos eróticos y los escaparates rojos se cuentan por cientos. Recordemos que tanto el consumo de marihuana como la prostitución son completamente legales, por lo que clientes y prostitutas campan a sus anchas por allí sin ningún tipo de reparo. La zona, pese a resultar curiosa, no es nada del otro mundo, y se ha convertido más en una atracción turística que otra cosa.

 

Nuestra siguiente visita, que nos quedó pendiente el día anterior, fue la Plaza Spui, un animado lugar con alta concentración de bares, restaurantes y pubs. Allí se encuentra Begijnhof, un conjunto de elegantes casas fundado en 1346 para albergar a la hermandad femenina católica: las beguinas. En el recinto se encuentran varias joyas como la Engelse Kerk, iglesia del siglo XV que fue clausurada durante la prohibición del catolicismo, hecho que provocó que las beguinas instalaran una capilla oculta entre dos casas para poder seguir profesando su religión. Además, allí encontramos la casa más antigua de Amsterdam, en el número 34, que data del siglo XVI.

 

Había pasado solo un día y medio desde que aterrizáramos en la capital holandesa y prácticamente ya habíamos visitado la mayoría de los puntos de interés que nos habíamos propuesto en nuestra planificación, por lo que nos tomamos el resto del día con algo más de calma. Visitamos Vondelpark, el parque más grande de la ciudad y pulmón de la vieja Amsterdam, donde nos refugiamos del calor tirándonos en el césped a la sombre de un enorme árbol. Comimos algo allí mismo y aprovechamos para planificar la ruta del día siguiente.

 

 

DÍA 7 (21 julio 2018) - AMSTERDAM

 

Nos levantamos a eso de las 8.30h, ya que habíamos acordado con la propietaria desayunar sobre las 9h. Cuando salimos de la habitación y entramos al enorme comedor, nos encontramos con un menú digno de reyes. La propietaria nos había preparado un surtido de manjares, todos ellos caseros y preparados con productos de su propia granja, como huevos duros, pan, mantequilla, mermelada, cruasanes, cereales, café, etc. En todo momento estuvo atenta a nosotros, preguntándonos si todo estaba correcto y si queríamos más de cualquier cosa. Un auténtico lujo.

 

Como usuarios de la plataforma de alquiler turístico Booking, solemos puntuar y escribir reseñas sobre los hoteles que visitamos, para que otras personas puedan conocer el humilde punto de vista de otro turista. Este, hasta la fecha, ha sido nuestro único 10/10, y es que creemos que este establecimiento no se puede mejorar de ninguna manera, ni el entorno, ni la estancia, ni el trato personal. Fue una experiencia estupenda!

 

Con el estómago lleno, las pilas cargadas y algo de tristeza por abandonar el lugar, nos subimos al coche para retomar la ruta en dirección a Ámsterdam, donde deberíamos devolver el coche a las 14h.

 

Antes de ello, decidimos hacer el check-in en el que sería nuestro último hotel del viaje, el moderno y confortable Qbic Hotel WTC Amsterdam, un establecimiento que, pese a estar algo alejado del centro, se encuentra a escasos pasos de la estación de metro y de tranvía que conecta con los principales puntos de la ciudad.

 

Pese a que habíamos reservado una habitación estándar, nos sorprendieron con un upgrade a una habitación superior, muy espaciosa y con una distribución realmente extraña. La cama estaba suspendida sobre una plataforma y el baño no tenía puerta. Aun así el ambiente era muy acogedor y estuvimos muy cómodos.

 

Tras un ligero vistazo a las instalaciones y un breve descanso, cogimos nuevamente el coche en dirección a la zona comercial de Arena Boulevard, donde se encuentra uno de los estadios de fútbol con más historia del mundo y que fue rebautizado en 2017 en honor al mejor futbolista holandés de la historia: el Johan Cruijff Arena. Este estadio es hogar del equipo más laureado del país, el Ajax de Amsterdam, cantera de Europa y equipo que marcó una época y cambió la forma de entender el fútbol en los años 90.`

 

El acceso en coche fue simple, ya que la zona cuenta con un enorme parking privado. La entrada al estadio tiene un coste de 16,50 euros por persona, e incluye un tour privado por las instalaciones, visitando la zona de vestuarios, el museo, la sala de prensa, el palco y, por supuesto, el terreno de juego. La visita dura unos 75 minutos y es realmente interesante. Se realiza únicamente en neerlandés e inglés.

 

Después de la visita, no nos quedaba mucho tiempo, así que nos dirigimos de nuevo a las instalaciones de Budget, en el centro de Ámsterdam, para devolver nuestro cochecito, que se había portado genial. La entrega fue muy rápida y la atención del personal fue estupenda. Tenemos que decir que, tras esta experiencia, estamos muy contentos con Budget y su equipo, y no tenemos ninguna duda de que repetiremos. Gracias Budget!

 

Empleamos la tarde en comprar recuerdos y regalos para la familia, visitando nuevamente el Mercado de las Flores y la zona de Rembrandtplein. Recorrimos a pie gran parte del centro de la ciudad, descubriendo su lado más comercial y cenando algo por la zona, volviendo al hotel al cabo de unas horas para descansar.

 

DÍA 8 (22 julio 2018) – AMSTERDAM Y VUELTA A CASA

 

Abandonamos el hotel muy pronto y desayunamos en el Starbucks que hay junto a la estación de metro. Desde allí tomamos un tren hasta Centraal Station, centro neurálgico de Amsterdam. Recorrimos la zona a pie, con la tranquilidad de no tener rumbo fijo y la envidia de ver como llegaban cientos de turistas cargados con maletas, sabiendo que se trataba de nuestras últimas horas en los Países Bajos.

 

Muy próxima a la estación se encuentra la Openbare Bibliotheek Amsterdam, la biblioteca pública más grande de Europa, con casi 28.500 metros cuadrados y 10 pisos de altura. La colección de libros, revistas, películas y música es interminable. El recinto incluye, además, salas de conferencias, un teatro y dos museos. Uno de sus atractivos principales es el mirador del séptimo piso, que brinda una de las mejores vistas panorámicas de Amsterdam. La entrada al edificio es totalmente gratuita.

 

Al pocos pasos, situado al este de la biblioteca, se encuentra uno de los lugares más interesantes de la ciudad, el Nemo Museum, un centro de ciencias situado en un edificio de 5 alturas en forma de barco en el que sus visitantes encuentran zonas interactivas, exposiciones temporales y todo tipo de desafíos para la mente. La entrada al recinto tiene un coste de 16,50 euros por persona y da acceso a todo el recinto. Una actividad gratuita es la visita a su terraza superior, a la que se accede a través del ascensor del lobby. Allí, entre fuentes y bancos, se encuentra la cafetería del museo.

 

Tras la visita, decidimos comer por la zona, así que con la ayuda de nuestro amigo Tripadvisor, buscamos restaurantes céntricos con buenas puntuaciones. Así encontramos el Ava Cyril, un pequeño establecimiento con las paredes llenas de posavasos firmados por los comensales. La comida estuvo riquísimo y la atención del personal fue fantástica. Un gran acierto.

 

Con mucha pena, volvimos al hotel para recoger las maletas y dirigirnos hacia la estación de metro, realizando un viaje de apenas 7 minutos hasta el Aeropuerto de Schipol. Nuestro avión de vuelta salía a las 18.30h y lo operaba la compañía Vueling que, una vez más, nos dio la bienvenida con un retraso de casi 1 hora.

 

El vuelo fue según lo previsto, no obstante, el hecho de que el avión estuviera repleto de adolescentes que viajaban a Mallorca, hizo que no pudiéramos descansar demasiado.

 

Aterrizamos en Palma a eso de las 22.00h, con mucho sueño y con la pena de volver a la realidad, pero con una gran satisfacción por haber cumplido otro de nuestros sueños, visitar Holanda, un país que nos ha sorprendido enormemente y del que hemos vuelto enamorados, de sus paisajes y de sus gentes. Gracias a todos por compartir esta experiencia con nosotros!

 

 

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