Viajando en Clase Turista
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Isla de Skye (Día 6)

Lluviosa aunque tranquila noche la que pasamos en el parking de Mallaig. Julia estaba definitivamente curada de su infección y nosotros cada vez estábamos más aclimatados a la vida en la caravana. Habíamos aprovechado para reservar un lugar en el ferry de las 9.40h por un precio de 20,95 libras, así que a eso de las 9.15h nos dirigimos a la zona del puerto, donde 10 minutos después embarcamos a bordo de un buque abarrotado de coches, caravanas y hasta un autobús. El trayecto del ferry duró apenas 35 minutos y casi sin darnos cuenta estábamos conduciendo por las sinuosas carreteras de la Isla de Skye.

 

Skye es la isla más grande de las Hébridas Interiores. Sus accidentados paisajes y el misticismo que la rodean la convierten en visita obligada para cualquier persona que quiera conocer Escocia. Inspiración para escritores y artistas, se la conoce como Isla de las Hadas y en ella se destila uno de los mejores whiskies del país.

 

Nuestro recorrido por la isla empezaría por Fairy Glen, el Valle de las Hadas, a 1 hora de Mallaig. La mitad del camino (y la mayoría de las rutas que realizaríamos a lo largo y ancho de la isla) discurrió por un solo carril de dos direcciones, en los que se habilitan pequeñas áreas en los arcenes cada cierto tiempo para dejar pasar a los vehículos que vienen en sentido contrario. El precio del parking que hay justo al comienzo del sendero es de pago, pero si llegas pronto hay un pequeño aparcamiento de apenas 10 o 12 coches unos metros antes y es totalmente gratuito. Nosotros, dada la hora y las dimensiones de nuestro vehículo, tuvimos que pagar por el estacionamiento unas 12 libras. ¡Un auténtico robo!

 

El personal del parking nos avisó que de a causa de las llovidas del día anterior el terreno estaba muy embarrado y el caudal del río había crecido bastante. Y realmente así era. Al poco tiempo de comenzar el recorrido nos encontramos con la dificultad de tener que atravesar el río sobre unas resbaladizas piedras. Evidentemente optamos por no hacerlo. Llevábamos a Julia en el portabebés y no queríamos correr el riesgo de caernos con ella encima. Así que no nos quedó más remedio que detenernos ahí. Una lástima, ya que, pese a que el paisaje que desde allí divisábamos era espectacular, la zona de las cascadas quedaba algo más alejada. Es lo que tiene viajar con un bebé, uno no puede siempre hacer lo que quiere y debe adaptarse a la situación.

 

Tras la breve pero intensa excursión volvimos al parking, donde aprovechamos para comer algo en la caravana. Había que amortizar el dineral que habíamos pagado en la entrada.

 

Después de una energizante comida continuamos la ruta en carretera, deshaciendo el tramo de carretera B8009 recorrido unas horas antes hasta volver a enlazar con la A863 en dirección oeste. En apenas 45 minutos de ruta alcanzamos el último punto de visita del día, el famoso Castillo de Dunvegan. Hogar del clan MacCleod desde hace más de 800 años, su construcción data del siglo XIII, aunque su apariencia actual se remonta al siglo XIX. Su situación, a orillas del Loch Dunvegan, y sus maravillosos jardines ensalzan la belleza que la fortificación ya posee por sí misma. La visita es muy recomendable y tiene un coste de 14 libras por adulto.

 

La visita resultó ser muy interesante y nos llevo algo más tiempo del que esperábamos dedicar al lugar, cosa que habla muy bien de él, así que al acabar nos subimos directamente a la caravana y atravesamos el pueblo de Dunvegan, haciendo una pequeña parada para poner gasolina, para acomodarnos en el que sería nuestro segundo parque de caravanas en escocia, el Kinloch Campsite, un espectacular recinto a orillas del lago con unas instalaciones muy completas. El precio por la estancia y los servicios de agua y electricidad fue de 26 libras, un precio muy justo a nuestro parecer.

 

Recorrido del día:

Isla de Skye (Día 7)

La noche fue muy lluviosa, no obstante, en la caravana estuvimos comodísimos. Habíamos aparcado de cara al lago, así que la primera imagen que obtuvimos al abrir las persianas fue la de la luz del sol brillando sobre el agua. Aquello era mágico.

 

Con esa inyección de buen rollo y tras llenar nuevamente el depósito del agua y vaciar las aguas sucias nos pusimos en marcha con la ruta del día. Un trayecto de 30 minutos por carreteras imposibles pero rodeadas de paisajes increíblemente bellos nos condujo al punto situado más al oeste de nuestra estancia en Escocia, el Faro de Neist Point. Construido en 1909, este faro se encuentra al otro lado de un sendero que comprende una severa bajada por una escalinata de piedra y una larga caminata por el valle. El entorno es de esos que le dejan a uno sin palabras. El fin no es conocer el faro, que en sí es lo menos impresionante del lugar, sino realizar el recorrido hasta este, tomando todas las fotos posibles y dejándose impresionar por su belleza. El camino de vuelta es otra historia, hay que deshacer el sendero recorrido, esta vez cuesta arriba, y se hace muy largo. La experiencia no es apta para cardíacos, os lo avisamos. La entrada al recinto es totalmente gratuita. El aparcamiento es escaso, pero si llegáis pronto, como hicimos nosotros, podréis aparcar sin problema.

 

Tras la visita y haciendo recuperado el resuello después de la intensa subida, tomamos nuevamente la caravana para realizar un largo trayecto de 1.15h hasta el norte de la isla, donde visitaríamos The Fairy Glen, el Valle de las Hadas. Este lugar, al que se accede nuevamente por una difícil vía de doble dirección, está compuesto por distintos montículos y valles de color verde que presentan curiosos relieves que, según leyendas locales, son obra de las hadas. Cuentos a parte, lo cierto es que el lugar es bellísimo. A los pies de las ruinas del Castle Ewen, que domina el paisaje, se encuentra el principal reclamo de los visitantes, una espiral de piedras a la que las historias dotan del poder de conceder deseos. Es increíble pensar que todas esas formas son creadas por la propia naturaleza, sin interacción del hombre. El aparcamiento es algo complicado, ya que el lugar no está señalizado, por lo que recomendamos parar en alguno de los lados de la carretera en cuanto empecéis a ver un paisaje parecido al de nuestras fotos. Una vez allí recorred la zona y descubridla vosotros mismos. La experiencia es inigualable.

 

El día presentaba un sol radiante una vez pasado el mediodía, así que tras comer algo en la caravana, proseguimos nuestro camino en dirección sureste, realizando una parada programada al cabo de unos 15 minutos para visitar la Granja Romesdal Croft para ver las hairy coo, las famosas vacas peludas de Escocia. Estos robustos animales se caracterizan por su largo flequillo y su encorvada cornamenta. Se trata de a raza registrada más antigua del mundo, por lo que están muy protegidas y son orgullo del pueblo escocés. La parada fue breve, simplemente para tomar algunas fotos. A Julia le encantaron.

 

Ruta de unos 30 minutos más hasta el último foco de visita del día, el pueblo más grande de la Isla de Skye y su principal centro turístico y cultural, Portree. Aparcamos en el parking público gratuito de Lisgarry Ct, donde pensábamos instalarnos para pasar la noche, sin embargo, nos encontramos con un enorme cartel de No Overnight que nos fastidió el plan. Desde allí iniciamos la ruta a pie para conocer el pueblo, empezando por una visita al centro de información al turista para hacernos con un mapa del lugar. Tras unas compras en el supermercado, continuamos nuestro recorrido visitando la zona del muelle y sus famosas fachadas de colores. Proseguimos la ruta por Wenworth St hasta Somerled Square, la plaza principal de Portree. Allí tomamos un café antes de volver a la caravana y buscar un sitio para pasar la noche.

 

Una vez más, las apps Caramaps y Park4night nos salvaron la vida. Vimos que en Portree no había demasiada oferta de parkings o áreas de caravanas donde pasar la noche, así que condujimos 15 minutos más hasta la localidad de Sligachan para alojarnos en el Sligachan Camping, un enorme y baratísimo parque de caravanas donde por solo 16 libras pudimos pasar la noche. La ubicación, en medio de un hermoso valle rodeado de montañas y junto al río Sligachan, era espectacular. Además, con el tramo recorrido nos evitábamos 15 minutos de ruta al día siguiente, ya que nos cogía de paso, así que todo eran ventajas.

 

Recorrido del día:

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