Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

Edimburgo (Día 1)

Nos levantamos a eso de las 5 de la mañana para acabar de meterlo todo en la maleta. Nuestro vuelo salía de Palma a las 07.15h, así que íbamos bien de tiempo. No obstante, el proceso de dejar el coche en el parking del Aeropuerto y la posterior espera en la cola de facturación resultaron ser algo más largos de lo esperado, cosa que hizo que casi perdiéramos el vuelo, entrando los últimos (y de milagro) en el avión.

 

  • Salida Palma a las 7.15h. Llegada a Edimburgo a las 9.20h.

 

El vuelo, operado por Easyjet, de poco menos de 3 horas de duración resultó ser muy cómodo. Pese a alguna que otra turbulencia inicial, puesto que en Palma había tormenta, el resto del trayecto fue tranquilo y sin sobresaltos. El avión parecía muy nuevo y la atención del personal fue inmejorable. En todo momento estuvieron atentos a Julia. Ella, por su parte, se pasó la mitad de la ruta durmiendo y la otra mitad jugando. Un lujo.

 

Aterrizamos en Edimburgo pasadas las 9 de la mañana. El proceso de recogida de maletas fue rápido y en pocos minutos estábamos en el exterior, donde el clima se notaba bastante más frío que en Palma, sin llegar a ser gélido. En la misma puerta de salida nos esperaba el tram que en apenas 30 minutos nos llevaría a York Place, última parada del trayecto con un coste por adulto de 8,50 libras.

 

A escasos 3 minutos caminando de la parada, se encontraba nuestro hotel, el Albany Ballantrae. El proceso de check in fue rápido, pero, al ser tan pronto, nuestra habitación aún no estaba lista, así que dejamos las maletas en recepción y nos pusimos en marcha para empezar a conocer Edimburgo.

 

Para agarrar algo de fuerzas decidimos desayunar algo en la próxima St. Andrews Square, una hermosa plaza ubicada en pleno centro financiero de la ciudad, donde locales y turistas se repartían intentando aprovechar la luz del sol, que ese día brillaba con toda su fuerza. Tras ello, continuamos caminando en dirección sur, topándonos con el Monumento a Scott, situado en Prince St., declarado el monumento más grande del mundo dedicado a un escritor, en este caso a Sir Walter Scott.

 

Atravesando la Estación Central, nos topamos con el epicentro de la denominada Royal Mile, el antiguo camino que unía el Castillo de Edimburgo y el Palacio de Holyrood. Convertida hoy en una zona de ocio y comercio, recorrimos sus principales arterias, empezando por Cockburn St., una empinada calle que desemboca en la enorme y vastamente transitada High St., donde se ubica la Catedral de St. Giles, erigida sobre un santuario del siglo IX. Recorrimos la calle de arriba abajo, hasta su desembocadura en Castelhill, la calle que da pie a la entrada del Castillo de Edimburgo.

 

Deshicimos brevemente nuestros pasos para encarar la Avenida George IV y poder visitar el famoso Cementerio de Greyfriars, cuyo principal atractivo, además de la Greyfriars Kirk, la iglesia que se encuentra en su interior, es la estatua y la tumba del Greyfriars Bobby, un perro que, según cuentan, permaneció inmóvil durante 14 años junto a la tumba de su amo hasta el día de su propia muerte. Este animal se convirtió desde entonces en un símbolo de fidelidad para los escoceses.

 

La ruta nos condujo nuevamente hacia la Royal Mile, para conocer en esta ocasión las zonas de Victoria St., una de las calles más fotografiadas de la ciudad, y Grassmarket, una genial zona de bares y restaurantes. Acabamos comiendo una deliciosa hamburguesa en un local llamado The Black Bull. Muy recomendable.

 

La última visita del día nos alejaría algo del centro, a unos 25 minutos caminando. Se trata de la pequeña aldea de Dean Village situada al borde del Río Leith fundada en el siglo XII por los monjes de la Abadía de Holyrood. Este rincón supone un oasis de tranquilidad a apenas unos minutos del bullicioso centro de Edimburgo. Lo que en su día fue una zona de fábricas hoy es una de las zonas residenciales más cotizadas de la ciudad.

 

Tocaba volver al hotel. Había sido un día muy completo y el cuerpo (y Julia) nos pedían algo de descanso. Así que recorrimos de principio a fin la principal arteria comercial, Prince St., en la que aprovechamos para hacer algunas compras, para acabar volviendo al hotel donde ahora sí nuestra habitación estaba lista para entrar.

 

Recorrido del día:

Edimburgo (Día 2)

El día amaneció algo lluvioso, como es costumbre en estas tierras. La habitación había resultado ser muy cómoda y amplia, no obstante, el servicio de wifi había dejado mucho que desear. Descansados y preparados iniciamos la marcha del día, no sin antes parar en una cafetería a desayunar algo.

 

Cerca de 12 minutos de empinadas calles y tramos interminables de escaleras nos condujeron al primer punto de interés del día, Calton Hill. Apodada como “la Atenas del Norte”, esta colina es hogar de varios de los monumentos más importantes de Edmburgo, como son el Monumento Nacional, que recuerda muchísimo al Partenón; el Observatorio, primer edificio construido en la cima, y el Monumento a Nelson, erigido en honor a la victoria de este almirante en la Batalla de Trafalgar. Desde lo alto de la colina se obtiene la mejor panorámica del centro de Edimburgo y es visita obligada para cualquier amante de la fotografía.

 

Descendiendo la cara este de la colina, a escasos 15 minutos caminando, nos topamos con Holyrood, donde se ubica la residencia de la Reina de Inglaterra en Escocia, el Palacio de Holyrood. Construido en la Edad Media, este palacio ofrece una experiencia única al visitante. Por un precio de 15 libras por adulto se permite la visita al interior del edificio, incluyendo una audioguía gratuita que te ayuda a comprender cómo era y es la vida de los monarcas que allí residían. Aunque, sin duda alguna, la joya de la corona se encuentra en el exterior del recinto. Se trata de la semiderruida pero increíblemente hermosa Abadía de Holyrood, antiguo edificio religioso que conserva un halo de misterio y que se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados del lugar.

 

Antes de la visita al Palacio, aprovechando el buen clima, decidimos dar una vuelta por Holyrood Park, caminando por sus senderos hasta St. Margareth’s Loch, desde donde divisamos las ruinas de Saint Anthony’s Chapel.

 

A la salida del Palacio encaramos la que fue una de las principales vias en la antigüedad y que hoy está repleta de restaurantes y tiendas, Cannongate St. Nos refugiamos de la intensa lluvia en un local de comida rápida escocesa llamado Oink, especializado en bocadillos de carne de cerdo desmenuzada que resultaron ser una auténtica delicia.

 

Con el clima algo más suave continuamos recorriendo Cannongate, terminando por enlazarla con High St. y finalmente con Prince St. donde realizamos algunas compras de recuerdos y desde donde pudimos disfrutar de un concierto en el parque que se encuentra a los pies del Castillo de Edimburgo.

 

Volvíamos al hotel a eso de las 19.30h, cuando los locales ya estaban cerrados y los locales salían a la calle emperifollados para salir de marcha, y es que en esta parte del mundo la gente sale de fiesta muy pronto, demasiado para nuestro gusto.

 

A todo esto, Julia se portó genial y no nos dio nada de guerra hasta que el sueño empezó a hacer mella en su diminuto organismo. Por suerte fue ya de camino al hotel, por lo que el enfado no le duró mucho. 

 

Recorrido del día:

Booking.com

Viajando en clase turista en redes sociales :

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Viajando en clase turista, web de viajes. Contacto: info@viajandoenclaseturista.com Reservado el derecho de imagen, fotografías própias.