Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

DÍA 5 (1 abril 2018) - SHANGHAI

Nos levantamos pronto y salimos a explorar la ciudad. La primera parada del día en Shanghai sería el Jardín Yuyuan, a apenas 5 minutos caminando desde nuestro hotel. Este recinto, cuya construcción se remonta al año 1559 (aunque su estado actual fue gracias a la reforma llevada a cabo a mediados del S.XX) se compone de distintos pabellones y zonas verdes y se encuentra ubicado en el centro de un bazar repleto de puestos de comida y comercios locales que vuelve locos a los turistas. El recinto en sí es de entrada gratuita, sin embargo el espacio correspondiente a los jardines tiene un coste de 40 yuanes por persona. Con una superficie de 20.000 metros cuadrados, este es uno de los mejores exponentes de lo que se considera un típico jardín chino, caracterizado principalmente por tener zonas rocosas, pequeños estanques, zonas arboladas y pabellones con quemadores de incienso. Sus principales puntos de interés son la Exquisita Roca de Jade y el Muro de los Cinco Dragones.

 

Tras la visita nos refugiamos del calor en un food court donde degustamos unos deliciosos zumos de sandía y mango, y aprovechamos para recorrer la zona comercial y comprar algún que otro recuerdo.

 

Nos dirigimos hacia la estación de metro para visitar el centro neurálgico de Shanghai, People's Square, principal área administrativa y de recreo de la ciudad. El recinto ocupa cerca de 14.000 metros cuadrados y alberga varios museos y edificios emblemáticos. En su parte norte se encuentra Remin Park, la principal zona verde de Shanghai y lugar de reunión de lugareños de todas las edades. En él encontramos zonas recreativas, fuentes, estanques y puestos de comida. Fue curioso ver una zona repleta de gente que esperaba de pie junto a un paraguas abierto apoyado en el suelo. Investigando nos acabamos enterando que se trataba de padres que buscaban pretendientes para sus hijos. El paraguas les sirve de reclamo y de él cuelgan un cartel con las aptitudes de su progenie: nivel de estudios, salario anual, edad, altura, patrimonio, etc. Es, cuanto menos, una llamativa forma de buscar pareja. El Meetic chino.

 

Comimos algo por la zona y retomamos la ruta, que esta vez nos condujo hasta Xintiandi, el barrio de moda de Shanghai. Lo que en su día fue hogar del primer congreso del Partido Comunista Chino es hoy una zona repleta de tiendas de moda y electrónica, además de bares y restaurantes de cocina fusión. Aprovechamos para reponer fuerzas tomando un cóctel en una cafetería y paseamos por el área comercial. 

 

De nuevo nos dirigimos al metro para hacer un trayecto de solo 1 parada hasta Nanjing Road, principal arteria comercial de Shanghai y una de las calles más transitadas del mundo. Su parte oeste, que desemboca en People's Square, es enteramente peatonal y está llena de tiendas y grandes almacenes. La recorrimos de arriba a abajo, tomando decenas de fotos de los carteles iluminados y mezclándonos con locales y turistas. La parte este desemboca en Bund, la zona del malecón que bordea el río Huangpu a lo largo de 2 km y que ofrece las mejores vistas posibles del skyline de Pudong, área financiera y más moderna de la ciudad.

 

La estampa desde el Bund es de esas que le dejan a uno sin palabras. El espectáculo de luces que ofrecen los rascacielos ultramodernos de Pudong, junto con el ambiente abarrotado de la zona portuaria y la luz tenue del sol cayendo dotan al lugar de una magia que no se encuentra en muchos lugares del mundo. Nosotros llegamos cuando las luces empezaban a encenderse y nos quedamos allí cerca de 3 horas, simplemente disfrutando de ver como el cielo se iba oscureciendo mientras los edificios iban iluminándose. Ese recuerdo permanecerá en nuestra retina por el resto de nuestras vidas.

 

Con mucha pena por abandonar el lugar, pero absolutamente agotados de un día muy productivo en cuanto a visitas y experiencias, volvimos al hotel pensando en descansar y retomar fuerzas para el día siguiente. No obstante, una vez en recepción, nos acordamos de que el hotel tenía una piscina en su planta superior, así que nos enfundamos el bañador y las chanclas y para allá que fuimos. La experiencia no pudo ser mejor. Estuvimos completamente solos, disfrutando tanto de la piscina como del jacuzzi en completa privacidad y maravillándonos con las espectaculares vistas de la ciudad y sus edificios iluminados a través de las enormes cristaleras del ático. 

 

 

DÍA 6 (2 abril 2018) – SHANGHAI - HANGZHOU

De nuevo, y pese a la paliza del día anterior, volvimos a levantarnos muy pronto para aprovechar la jornada. En este caso tomaríamos el metro en dirección a Pudong, hasta la parada de Lujiazui, una de las más transitadas en las que habíamos estado. Desde allí caminamos unos minutos, atravesando el Centro Comercial IFC, hasta llegar al primer punto de interés del día: la Shanghai Tower.

 

La Shanghai Tower es el edificio más alto de China y el segundo más alto del mundo, con 632 metros de altura y 128 pisos, solo superado por Burj Khalifa de Dubai. Es la joya de la corona del skyline de Shanghai y pieza principal del centro financiero de la ciudad. Su construcción llevó algo más de 6 años y se finalizó en 2014. Su mirador principal se encuentra en las plantas 118 y 119, a 550 metros de altura, y es el más alto del mundo. A él se accede a través del que también es el ascensor más rápido del mundo, que alcanza una velocidad de 18 metros por segundo. La entrada cuesta 180 yuanes por persona y las vistas le dejan a uno realmente sin palabras. Es, sin duda, un must do en Shanghai. 

 

Tras la visita, en la que tuvimos la suerte de estar prácticamente solos, puesto que fuimos a primera hora de la mañana, nos dirigimos de nuevo a la estación de metro donde tomamos la línea 10 hasta el otro extremo de la ciudad para bajarnos en la Estación de Tren de Hongqiao, junto al Aeropuerto. Desde allí tomaríamos el tren bala G7335, que en 50 minutos nos llevaría hasta la vecina y ultramoderna ciudad de Hangzhou. El coste del billete sería de 73 yuanes por persona.

 

El trayecto en fue realmente cómodo, sin embargo la llegada a Hangzhou no fue tan agradable. Mientras estábamos dentro del tren habíamos visto como el cielo se oscurecía por momentos. Nada más llegar empezó a llover intensamente, por lo que tuvimos que refugiarnos en un restaurante en el que aprovechamos para comer algo mientras escampaba. 

 

El principal motivo de nuestra visita era recorrer las inmediaciones del Lago del Oeste, así que hasta allí nos dirigimos. El paseo que lo bordea es precioso y está repleto de zonas ajardinadas y de rincones alucinantes. Lugares tan especiales como Orioles Singing in the Willows, Xihu Tiandi o el Templo Confucionista de Hangzhou son puntos de atención para cantidad de turistas que hasta allí se acercan. Pasamos toda la tarde por aquella zona, coronando nuestra visita realizando un trayecto en barco por el lago gracias al cual pudimos visitar la Isla de las Tres Piscinas y disfrutar de una mágica puesta de sol.

 

Tomamos el tren de vuelta a Shanghai a eso de las 8 de la noche. Había sido un día lleno de improvisación, ya que inicialmente no estaba planeado de esta manera. Aun así, había resultado muy interesante y divertido. Recomendamos a todo aquel que visite Shanghai que dedique un día a visitar Hangzhou y, especialmente, el Lago del Oeste, una de las mejores estampas de nuestro viaje por China.

 

 

DÍA 7 (3 abril 2018) - SHANGHAI

En la vida es importante conservar ese niño que todos tenemos en nuestro interior, ese que no se cansa de jugar y que saca nuestro lado más divertido. Nosotros tenemos claro que en todo viaje, además de museos, templos, plazas y monumentos, tiene que haber algo que nos permita conectar, aunque sea solo por un momento, con ese yo infantil. Es por eso que, desde que comenzamos a organizar el viaje a China, no tuvimos ninguna duda de que dedicaríamos un día al lugar más feliz de Asia y uno de los más felices del mundo: Shanghai Disney Resort.

 

Pese a que lo teníamos claro desde el principio, decidimos esperar a conocer el clima de cada día para comprar las entradas, así que no fue hasta la noche anterior cuando las adquirimos. La manera de comprarlas es muy fácil, la web oficial (www.shanghaidisneyresort.com) es muy sencilla de utilizar y se permite realizar el pago prácticamente con cualquier tipo de tarjeta. Los precios varían entre los 370 y los 500 yuanes por persona, dependiendo de si la entrada es para un día entre semana o para fin de semana.

 

Nuestra intención era aprovechar el día, así que nos levantamos a eso de las 7h y agarramos el metro, que en apenas 1 hora de trayecto nos condujo hasta el parque. La estación de metro está ubicada justo a la entrada. Unos minutos de caminata hasta las puertas principales del parque y nos topamos con una cola de más de 1 hora (y solo eran las 8.30h de la mañana!!). A eso de las 9.30h pudimos validar nuestro ticket on-line y nos entregaron nuestras entradas físicas, con las que uno puede entrar y salir del parque a su antojo.

 

Con la ilusión de unos niños y el ansia por descubrir cada rincón del recinto, iniciamos nuestra ruta por el bulevar principal, desde donde ya se divisaba el castillo, centro de todo parque Disney. Las calles estaban repletas de restaurantes, cafeterías y tiendas, y la música Disney se empezaba a instalar en nuestros cerebros de forma subliminal. A continuación os dejamos un mapa para que os ubiquéis mientras leéis la crónica:

 

 

Nuestra primera parada fue Adventure Isle, el área más próxima a la entrada principal, donde se encuentra, entre otras muchas atracciones, Roaring Rapids, una especie de rafting por corrientes de agua que culmina en una divertida caída que empapa tanto a los que disfrutan de la atracción como a los que la miran desde fuera. Junto a ella, se encuentra Explorer Canoes, una atracción mucho más relajada que consiste, básicamente, en pasear por un lago a bordo de una canoa.

 

La siguiente zona a descubrir fue Treasure Cove, el área pirata del parque. La principal atracción es, como no podía ser de otra forma, Pirates of the Caribbean: Battle for the Sunken Treasure, una divertidísima travesía en bote llena de adrenalina y emoción y con unos efectos especiales impresionantes. Es, sin duda, una de las atracciones que más nos gustó de todo el parque.

Otro de los focos de atención es el espectáculo Eye of the Storm: Captain Jack’s Stunt Spectacular, que, pese a tener un inicio algo aburrido y estar contada únicamente en chino, fue realmente impactante y divertida. Aun así no lo incluiríamos en los imprescindibles del parque.

 

La tercera zona siguiendo nuestro recorrido fue Fantasyland, donde la atracción estrella es Seven Dwarfs Mine Train, una de las más concurridas de todo el parque. Se trata de una montaña rusa que imita el recorrido de una carretilla por la mina de la que los 7 Enanitos extraen piedras preciosas. El tiempo de espera no bajó de 2 horas a lo largo de nuestra visita al parque, por lo que nos fue imposible subir. Una pena.

 

Era ya mediodía y nuestras barrigas nos lo hacían saber, por lo que aprovechando nuestra situación nos dirigimos al restaurante Tangled Tree Tavern, donde degustamos un delicioso plato de pollo rebozado con arroz y verduras. Un manjar!

 

De camino a nuestro próximo destino pudimos ver la nueva área que abrirá próximamente y que estará dedicada exclusivamente al mundo Toy Story.

 

El siguiente punto de interés es el más moderno y futurista del parque: Tomorrowland. Ambientado en la película homónima, el área está repleta de neones y carteles luminosos. Un gran pabellón ocupa prácticamente la mitad del recinto y en el interior de él se encuentran las principales atracciones: Buzz Lightyear Planet Rescue, un circuito al más puro estilo shooter ambientado en la película Toy Story; Stitch Encounter, dedicada a los más pequeños y ambientada en la película Lilo & Stitch, y, como no podía ser de otra forma, TRON Lightcycle Power Run, la que diríamos que es la atracción estrella de todo el parque, que consiste en una montaña rusa en la que uno va sentado en una réplica de las futuristas motos de la película Tron y cuyo recorrido transcurre varios metros por encima de las cabezas de los transeúntes, que quedan asombrados cuando ven pasar los vehículos a toda velocidad. Además, hay un área dedicada única y exclusivamente a la película, donde se pueden ver coches del futuro elaborados por la marca americana Chevrolet.

 

Esta última zona la visitaríamos tanto de día como ya de noche, y debemos aconsejar a todo el mundo que así lo haga, porque es a plena luz cuando menos afluencia de público hay y es al anochecer cuando las luces de neón hacen del lugar algo impresionante.

 

Qué sería de una visita a un parque Disney sin apreciar el maravilloso espectáculo de luces y sonido Ignite the Dream, que tiene lugar en el Castillo. Desde que lo vimos por primera vez en París, allá por el año 2004, el show ha ganado en espectacularidad, gracias a la tecnología y los avances en materia de imagen y sonido. Tiene lugar todos los días a las 20h y podemos asegurar que no deja indiferente a nadie. Es algo mágico, que atrapa tanto a pequeños como a mayores y que no se puede describir con palabras. Si uno no sale allí con los ojos llorosos es que tiene un corazón de hielo.

 

Tras el espectáculo era hora de volver a casa, pero antes decidimos visitar la zona comercial que se encuentra a la salida del parque y que es conocida como Disneytown. En ella hay restaurantes y tiendas de todas las marcas y tipos. Una de las más concurridas es la de la marca de juguetes Lego. Aprovechamos la visita para comprar algún que otro recuerdo y nos dirigimos al metro, que en apenas 1 hora nos llevaría de vuelta a nuestro hotel, acabando el día agotados pero con la satisfacción de haber vivido un día increíble en uno de los lugares más felices del mundo.

 

 

DÍA 8 (4 abril 2018) - SHANGHAI

Último día completo en Shanghai. Tras aprovechar para descansar algo más de lo habitual y no sin mucha tristeza, realizamos los trámites de check-out del hotel, uno de los más lujosos en los que hemos estado en nuestra vida. La estancia había sido excelente y como regalo de despedida la empleada de recepción nos obsequió con un cóctel en la cafetería del lobby. Un auténtico placer.

 

Salimos a recorrer la ciudad empezando por los alrededores del Jardín Yuyuan, donde ya habíamos estado días antes, con el objetivo de terminar de visitar las galerías repletas de comercios locales de todo tipo y poder así comprar algún que otro regalo para nuestras familias y amigos. En nuestro recorrido, tuvimos el placer de visitar el Templo de Shanghai o Templo Ciudad de Dios, cuya historia se remonta más de 600 años atrás, en épocas de la Dinastía Ming, y supone en la actualidad uno de los templos más importantes de Shanghai. La entrada tiene un coste de 10 yuanes por persona.

 

Con tanta visita y tanta compra habíamos consumido la mitad del día prácticamente sin darnos cuenta, por lo que volvimos al hotel a recoger las maletas y nos dirigimos al que sería nuestro último hotel en Shanghai, el Hotel Mercure Shanghai-Hongqiao, un establecimiento de 3 estrellas  de aspecto moderno  y muy cuidado que escogimos por estar situado junto a la Terminal 1 del Aeropuerto de Shanghai-Hongqiao, desde donde debíamos tomar un vuelo al día siguiente.

 

El check-in fue rápido y la atención del personal buena. La habitación era muy amplia y con muchas comodidades. Por ponerle alguna pega (aunque ya era una tónica) es que el wifi no funcionaba del todo bien.

 

Tras acomodarnos y dejar las maletas, tomamos nuevamente el metro, cuya parada estaba a escasos 20 metros de la puerta, para dirigirnos a Qibao Old Town, la “Venecia de China”. Este barrio de Shanghai destaca por los numerosos canales que atraviesan sus calles, característica que la asemeja a la famosa ciudad italiana. La estampa que ofrecen sus edificios y puentes, junto con la infinidad de tiendas y restaurantes locales que se multiplican por cientos a lo largo de sus estrechas callejuelas, dotan al lugar de un aura muy especial, que transporta al turista a la China más tradicional.

 

Tras la visita, que recomendamos encarecidamente siempre y cuando uno haya cumplido con todas las visitas obligatorias de la ciudad, cenamos algo por la zona y volvimos al hotel.

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