Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

DIA 1 (28 marzo 2018) – Vuelos ida

  • Salida Palma a las 17.55h. Llegada a Munich a las 20.00h.
  • Salida Munich a las 22.25h. Llegada a Hong Kong a las 15.25h. (+1d)

Ambos vuelos fueron operados por Lufthansa. El primero, que cubría el trayecto Palma-Munich fue a bordo de un Airbus A321 y tuvo una duración de poco más de 2 horas. Sin mucha historia. Vuelo cómodo con algo de turbulencias a la llegada a Munich pero sin ningún sobresalto. Nos dieron un pequeño snack gratuito y llegamos a la hora prevista. Tras unas 2 horas y media de escala, nos dirigimos a la puerta de embarque para abordar el vuelo que nos llevaría a Hong Kong. En este caso la duración fue de poco más de 10 horas y, lo mejor de todo, es que tuvimos la oportunidad de volar por primera vez a bordo del enorme Airbus A380, el avión comercial más grande del mundo. El aspecto exterior era imponente, una enorme estructura de 2 pisos, que parecía más un edificio que un medio de transporte. El interior era sobrio pero elegante, muy alemán. Los asientos eran muy cómodos y, como viene siendo habitual en este tipo de vuelos, nos facilitaron una manta y una almohada. Nos sirvieron cena y desayuno, todo delicioso. La estructura de asientos es de 3-4-3, y dado que el vuelo iba completo, tuvimos que compartir fila con otra persona. Aun así fue un trayecto cómodo y pudimos aprovechar para descansar. Volar con Lufthansa, una de las mejores compañías del mundo, es siempre un placer. La atención es impecable y cuidan siempre el más mínimo detalle.

DIA 2 (29 marzo 2018) – HONG KONG

Tras más de 15 horas entre vuelos y escala, llegamos al Aeropuerto Internacional de Hong Kong a eso de las 15.30 horas. El proceso de control de pasaportes y la recogida de maletas fue algo más tedioso de lo esperado, pero una hora y media después, salíamos de la terminal.

 

Siguiendo las indicaciones de un empleado de MTR, la empresa de ferrocarriles de Hong Kong, compramos billete de tren express desde el Aeropuerto hasta la parada de Kowloon, un trayecto de unos 25 minutos. Desde allí parten cada 15 minutos unos mini buses gratuitos que recorren el centro de la ciudad. En nuestro caso debíamos coger la línea K4, que paraba a pocos metros de nuestro hotel.

 

Nuestra casa durante las 2 próximas noches sería el Stanford Hillview Hotel, un moderno hotel situado en lo alto de una calle con una pendiente muy pronunciada. Las instalaciones eran geniales. Muy limpio y confortable. La habitación ofrecía de forma gratuita un smartphone que servía a la vez de teléfono, gps, guía de la ciudad y módem. Gracias a esto, pudimos tener acceso a internet durante toda nuestra estancia en Hong Kong, estuviéramos donde estuviéramos.

El sol caía y, tras hacer el check-in e instalarnos en la habitación, decidimos salir a recorrer la ciudad. Dado que estábamos alojados en Tsim Sha Tsui, la zona más animada de Hong Kong, decidimos recorrer sus calles, abarrotadas de comercios locales y letreros luminosos, en dirección a la bahía. La estampa recordaba ligeramente a nuestras anteriores aventuras en Japón, y su arquitectura, vertical e imponente, nos transportaba por momentos a Nueva York.

 

Tras callejear durante horas y perdernos por calles y callejones, llegamos a la zona de la bahía. Dado que la Avenida de las Estrellas (una especie de Paseo de la Fama del cine chino) se encontraba en obras y no era accesible para los turistas, las autoridades habían trasladado algunas de sus principales estatuas al recinto de Garden of Stars, algo más al este. Allí pudimos caminar entre figuras tan notables del cine asiático como Bruce Lee o Jackie Chan. Continuamos caminando por el denominado Tsim Sha Tsui Promenade, bordeando la Bahía de Kowloon, para disfrutar del espectáculo Symphony of Lights, un decepcionante show de luces y flashes emitidos por los rascacielos del otro lado de la bahía, en la Isla de Hong Kong. Nuestra opinión personal es que la vista del skyline desde Kowloon es suficientemente impresionante y que no es necesario ese despliegue de luces si el resultado va a ser tan pobre como el que fue. Aun así es algo que uno debe hacer si visita la ciudad.

Ya agotados de tantas horas de viaje y tanto caminar, nos adentramos en el Urban Council Centenary Garden, donde cenamos en la terraza del abarrotado restaurante Nara Thai, que fusiona cocina china con cocina tailandesa y occidental. El resultado fue exquisito y el precio resultó ser mucho menor del que esperábamos pagar.

Con el estómago lleno y las retinas repletas de recuerdos que no olvidaríamos nunca, retomamos la ruta de vuelta a nuestro hotel, no sin antes callejear otro rato, descubriendo una animada zona de restaurantes y bares de copas que al día siguiente conoceríamos más a fondo.

DÍA 3 (30 marzo 2018) – HONG KONG

Nos despertamos muy pronto, pero curiosamente sin rastro de jet-lag. Desayunamos algo rápido en en un Starbucks cercano al hotel y nos dirigimos a la parada de metro de Tsim Sha Tsui, donde compramos billete sencillo de metro por 10,50$ cada uno ///

(el equivalente a 1 euro, más o menos).

 

La línea roja nos condujo en solo 2 paradas a la Estación Central, en la isla de Hong Kong, principal núcleo histórico, político y económico de la ciudad, y hogar de los más imponentes rascacielos. Desde allí empezamos a recorrer la zona, caminando por Des Voeux Road, principal arteria de la zona, en dirección oeste, hasta encontrarnos con la famosa calle Hollywood Road, repleta de tiendas y galerías de arte, donde se encuentra uno de los puntos principales de visita en el día de hoy: el Templo Man Mo, un lugar destinado a la oración y el culto al Dios de las Letras (Man) y el de la Guerra (Mo) fundado en el año 1847. El interior, decorado en tonos rojos y dorados, colores de la suerte en China, te recibe con un fuerte olor a incienso y sándalo, que le otorgan al recinto un aura mística. La entrada es gratuita, aunque se aceptan ofrendas.

Atravesando un mercado local de frutas, verduras y plantas, llegamos de nuevo a Central, para vivir una de las experiencias más auténticas de Hong Kong: subir todos los tramos de las Central-Mid-Levels Escalators, las escaleras mecánicas más largas del mundo. Se trata de varios tramos de escalera que se suceden uno tras otro que te conducen hasta el Soho. Nosotros las recorrimos de abajo a arriba y podemos decir que estuvimos más de 20 minutos. No es una gran obra de la ingeniería ni se obtienen vistas espectaculares, pero hay que reconocer que es algo único en el mundo y una experiencia original.

 

Una vez arriba, caminamos en dirección este para visitar los Jardines Botánicos de Hong Kong, una zona algo alejada del bullicio del centro financiero y comercial, pero que nos sorprendió muchísimo, ya que, entre sus instalaciones se encuentra un zoo con innumerables especies de pájaros y simios. Y lo mejor de todo: la entrada es completamente gratuita! Lo que en principio iba a ser una visita rápida acabó por fascinarnos, dedicándole más tiempo del que habíamos previsto.

Siguiendo nuestra ruta en dirección este atravesamos en Hong Kong Park, principal zona verde de la ciudad junto con el Kowloon Park. La principal atracción es su gran lago artificial, hogar de peces de todo tipo y lugar de reunión de muchos locales.

 

La idea principal de toda esta ruta era tomar el funicular que nos llevaría hasta el Victoria Peak, punto más elevado de Hong Kong y desde donde se obtienen las mejores vistas de la ciudad, pero cuando llegamos nos encontramos un caos enorme y una cola que alcanzaba las 3 horas de espera, por lo que decidimos abortar el plan.

 

En su lugar, caminamos hasta la estación de Admiralty para tomar un metro hasta la parada de Wong Tai Sin, donde visitamos el Templo Wong Tai Sin, hogar del taoísmo, budismo y confucianismo. La entrada es gratuita. El recinto ofrece una estampa maravillosa, adornado con cientos de farolillos de colores amarillo y rojo y ese místico olor a incienso, es lugar de meditación y oración de muchos feligreses. Las instalaciones, además del propio templo, incluyen varias escalinatas y patios, así como un extenso jardín con un lago de carpas.

Nos dirigimos de nuevo al metro para coger la línea verde hasta la parada de Prince Edward, desde donde pudimos explorar el animado barrio de Mong Kok, una de las áreas más densamente pobladas del mundo. En esta zona se concentran tiendas de todo tipo, agrupándose en calles según sus productos. Así, las principales son Ladies Market, cuya principal actividad es la venta de ropa y souvenirs; el Mercado de los Pájaros, donde se venden principalmente aves, jaulas, comida para pájaros, etc, y el Mercado de las Flores, donde se encuentran principalmente floristerías. Pese a que uno no esté interesado en ninguno de esos productos, es altamente recomendable su visita, aunque solo sea por el animado ambiente que allí se respira.

El último trayecto en metro del día lo haríamos de vuelta a Tsim Sha Tsui, desde donde caminaríamos hasta la zona del puerto para subirnos al Star Ferry, que realiza un trayecto de 1 hora por Victoria Harbour, haciendo varias paradas. Las vistas del skyline de Hong Kong desde el barco son realmente impresionantes. El trayecto se nos hizo muy corto y no paramos de hacer fotos. El precio es de 105$ por persona y vale muchísimo la pena.

 

Se había hecho de noche y, pese a estar agotados de tanta actividad, no podíamos desaprovechar nuestro tiempo en Hong Kong, así que de vuelta en Tsim Sha Tsui decidimos que queríamos volver a sentir el bullicio de la zona comercial, así que callejeamos y callejeamos, rodeados de miles de personas, comercios locales y carteles luminosos hasta las inmediaciones de nuestro hotel, volviendo a la zona de restaurantes y pubs por la que habíamos pasado el día anterior. Allí, decidimos cenar en un restaurante llamado Port, que resultó no ser nada barato pero que tenía ambiente muy animado. La casualidad fue encontrar un chico de Mallorca, como nosotros, que estaba trabajando en un crucero que acababa de atracar en el puerto de Hong Kong y que estaba allí disfrutando de su noche libre. Estuvimos con él tomando cervezas hasta altas horas de la noche, volviendo al hotel algo más perjudicados de lo normal.

DÍA 4 (31 marzo 2018) – HONG KONG

Último día en Hong Kong y no pensábamos desaprovecharlo. Rápidamente hicimos el check-out, dejando las maletas en conserjería, e iniciamos nuestra ruta. La estancia en el hotel había sido genial. La habitación, pese a no ser muy grande, era muy cómoda y la situación era ideal.

 

Caminamos hastala parada del metro de Tsim Sha Tsui para dirigirnos hasta Central, donde realizaríamos un transbordo a la línea naranja hasta la última parada: Tung Chung, en la isla de Lantau. El motivo de este trayecto era poder subirnos al Teleférico Ngong Ping 360, que nos conduciría colina arriba hasta el Monasterio Po Lin, donde se encuentra el Gran Buda Tian Tan, la representación de Buda sentado más grande del mundo.

Dado que era prontísimo, tuvimos la suerte de no hacer cola, ni para comprar los tickets ni para subir al teleférico. El precio del billete de ida y vuelta, que incluye la entrada al templo, es de 210$ por persona. El trayecto el teleférico no es apto para personas con miedo a las alturas, pero es una experiencia genial. Tras unos 20 minutos se llega al monasterio, donde hay una amplia zona de tiendas y restaurantes. El Buda se encuentra en lo alto de un montículo, por lo que hay que subir 268 escalones para llegar a él. Las vistas, tanto del recinto como de la propia figura de Buda son impresionantes. Y, pese a que la subida fue algo más dura de lo esperado, la experiencia vale completamente la pena. Es un auténtico must do en Hong Kong.

Tras la visita volvimos a subirnos en el teleférico, deshaciendo nuestros pasos hasta la estación de metro, donde pudimos ver que la cola para visitar el monasterio alcanzaba las 4 horas de espera. Demencial! Así que con el orgullo de haber madrugado lo suficiente como para ahorrarnos ese tute, agarramos el metro en dirección a Tsim Sha Tsui, donde continuamos callejeando. Comimos en un centro comercial muy céntrico, nos dirigimos a nuestro hotel para recoger las maletas que habíamos dejado en conserjería y rápidamente volvimos a subirnos en el minibús gratuito K4 que nos llevó hasta Kowloon y desde allí metro hasta la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de Hong Kong.

 

Una vez facturadas las maletas y pasado el control de seguridad, aprovechamos para cambiar los dólares de Hong Kong que nos habían sobrado por yuanes chinos. El vuelo sufrió un pequeño retraso de 30 minutos, pero no nos importó esperar, teniendo en cuenta que el aeropuerto es enorme y es realmente complicado aburrirse.

 

A eso de las 19.30h embarcábamos en un Airbus A330 de Shanghai Airlines, que era tan grande como viejo. El interior estaba algo descuidado y olía algo mal. Nos sorprendió mucho que se utilizara un avión de estas dimensiones para un trayecto de apenas 1.45h, pero es que en este país todo tiene que ser a lo grande.

 

  • Salida Hong Kong a las 19.50h. Llegada a Shanghai a las 22.15h.

Tras un vuelo tranquilo, en el que nos sirvieron una de las peores comidas que hemos probado a bordo de un avión, aterrizamos en Shanghai a eso de las 22.15h. Al ser el último vuelo del día en el Aeropuerto Shanghai Hongqiao, el control de pasaportes y la recogida de maletas fueron espectacularmente rápidos.

 

La línea 10 nos condujo desde la Terminal 2 hasta la parada de Yuyuan Garden, justo frente al que sería nuestro hogar para las próximas 4 noches, el lujoso Renaissance by Marriott Shanghai Yu Garden Hotel, un espectacular establecimiento perfectamente situado en el centro de la ciudad, a pocos pasos de la estación de metro y a una corta caminada de cualquier punto de interés. El check-in fue rápido y se nos obsequió con dos vales de bebida en el bar del lobby. La habitación que se nos asignó era enorme y la cama era comodísima.

 

Después de un día muy ajetreado y cansados de ir de arriba abajo, nos fuimos a dormir esperando despertar con las pilas cargadas para recorrer esta alucinante ciudad.

 
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