Viajando en Clase Turista
Viajando en Clase Turista

DÍA 12 (8 abril 2018) - BEIJING

La noche en el hotel de Pingyao fue genial. La experiencia de dormir en una cama fue mejor de lo esperado. Al realizar el check-out, el propietario del hotel se ofreció para llevarnos de nuevo a la estación en su vehículo particular. Todo un detalle.

 

A las 8.41h de la mañana tomamos el tren que teníamos reservado. El destino, última parada en esta aventura por China, sería la actual capital del país: Beijing.

 

El trayecto, de unas 4 horas y media, fue muy cómodo, ya que habíamos reservado asientos de primera clase. Casi sin darnos cuenta el tren se aproximaba a la Estación de BeijingXi, en el oeste de la ciudad. Desde allí tomamos el metro, líneas 9 y 6, hasta Dongsi, desde donde caminamos unos 8 minutos para llevar al que sería nuestra casa para las siguientes 3 noches, el espectacular y lujoso Beijing Prime Hotel Wangfujing, un establecimiento de categoría 5 estrellas que albergaba, entre otras instalaciones, 3 restaurantes, un bar, una sala de fitness, un spa y una sala de karaoke.

 

La atención del personal, desde el mismo momento del check-in, fue excelente. Nos ofrecieron un upgrade gratuito y nos alojaron en una habitación ubicada en el octavo piso, que ofrecía unas espectaculares vistas de los alrededores. La cama era comodísima y las dimensiones eran enormes.

 

Tras instalarnos, nos pusimos en marcha. Pese al cansancio lógico tras tantos días de viaje, estábamos ansiosos por seguir descubriendo lugares, así que nos volvimos a subir al metro, esta vez en dirección Tiantangongmen, para conocer el Templo del Cielo, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

 

Tanto los edificios que lo componen como el enorme parque que lo rodea fueron construidos en el año 1420, bajo el mandato de la Dinastía Ming, con objeto de dar gracias al cielo por los frutos y cosechas obtenidas. Las construcciones más importantes que se encuentran dentro del recinto, de más de 273 hectáreas, son el Salón de la Abstinencia, Qinian Dian, la Bóveda Imperial del Cielo y, el más famoso y fotografiado de todos, el Altar Circular. La entrada, tanto al parque como al lugar donde se encuentran los edificios, tiene un coste total de 35 yuanes por persona, y el horario de apertura es de 8 de la mañana a 5 de la tarde.

 

Caía la tarde cuando terminamos la visita, así que decidimos volver al centro de Pekín para recorrer la zona más comercial de la ciudad: la Calle Wangfujing. En ella se encuentran los principales centros comerciales y tiendas exclusivas de la capital. Sus enormes letreros luminosos recuerdan a los de Nanjing Road, en Shanghai, aunque con algo menos de espectacularidad. En una de las callejuelas de la enorme avenida, se encuentra uno de los principales focos turísticos de la zona, que atrae a locales y turistas por lo original de su oferta. Estamos hablando del Mercado Nocturno de Wangfujing.

 

Animado y abarrotado, el mercado se transforma de noche para ofrecer una experiencia única al visitante. Sus interminables puestos de comida, que se reparten a ambos lados de la calle, cocinan platos tan extravagantes como brochetas de escorpiones, tacos de serpiente, estrellas de mar rebozadas o pinchos de caballito de mar. No obstante, esto dista mucho de formar parte de la gastronomía local y es más bien una atracción para turistas y curiosos.

 

Tras un ligero picoteo, sin atrevernos a arriesgar demasiado. Continuamos recorriendo Wangfujing en dirección norte hasta nuestro hotel, donde caímos rendidos después de tanto caminar.

 

 

DÍA 13 (9 abril 2018) - BEIJING

Segundo día en Beijing, uno de los más esperados de todo el viaje. Nos levantamos pronto, muy pronto, prontísimo. A las 5.30h, para ser exactos. Y es que hoy nos esperaba la joya de la corona de las visitas turísticas en China. Hoy visitaríamos La Gran Muralla, símbolo inequívoco del gigante asiático y una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo Moderno.

 

Esta fortificación, que data del siglo V a.C., tiene una extensión de más de 21.000 kilómetros, desde la frontera de Corea hasta el desierto del Gobi. El origen de su construcción viene dado por el ánimo de los pueblos del norte de China de protegerse de sus enemigos, construyendo pequeñas paredes que años más tarde fueron conectadas y reforzadas. Fue ya en el siglo XVI donde esta adoptó la forma e imagen que mantiene hoy en día, con objeto de servir de protección ante los ataques mongoles. Tras la anexión de estos al Imperio, la muralla abandonó su cometido y pasó a ser parte de la iconografía china. En  1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 

Hoy en día son básicamente 4 los tramos visitables para los turistas: el primero y más accesible desde Beijing es Badaling, el tramo mejor conservado y también el más concurrido. El segundo es Mutianyu, algo más próximo a la capital pero mucho menos concurrido por tener algunos tramos de severo desnivel, siendo algo más difícil de recorrer. El tercero es Simatai, el más alejado de Beijing, cuyo recorrido se extiende por 140 kilómetros de los cuales la mayoría están sin restaurar. Y por último, el cuarto es Jinshanling, el favorito de los amantes del trekking, solo apto para expertos.

 

Nosotros optamos por visitar Mutianyu, por lo que, para evitar aglomeraciones debíamos ponernos en marcha pronto. La ruta era complicada, pero la teníamos clara. En primer lugar tomamos un metro hasta Dongzhimen, donde nos subiríamos al Autobús 916 Express, cuyo billete tiene un coste de 12 yuanes por persona. Tras una hora de trayecto nos apearíamos en Houairou Beidaijie, desde donde deberíamos “alquilar” un chófer privado para que nos acompañara al lugar desde donde tomar un autobús hasta el pie de la muralla. Resumiendo, el trayecto total nos tomaría más de 2 horas, en los que tendríamos que agarrar hasta cuatro medios de transporte diferentes.

 

Ya en las taquillas, el coste total de la entrada fue de 180 yuanes por persona, que incluía el billete del autobús, la subida a la muralla en telesilla, la propia entrada y la bajada en tobogán. Y sí, aunque no lo creáis, hay un tobogán que desciende desde lo alto de la muralla a los pies en un recorrido de unos 8 minutos que resultó ser una experiencia genial.

 

La ruta por la muralla no pudo ser mejor. Al llegar allí tan pronto, apenas nos cruzamos con 10 personas en las cerca de 3 horas que estuvimos recorriendo la muralla. La silueta serpenteante de la fortificación se perdía por la ladera de la montaña como si no tuviera fin. El estupendo clima nos dio la posibilidad de tomar unas fotos increíbles. Todo maravilloso.

El camino de vuelta hasta Beijing fue exactamente igual que el de ida, con una duración de unas 2 horas, deshaciendo los pasos que habíamos dado por la mañana. Al llegar a la estación de Dongzhimen comimos algo.

 

Tras una reconfortante comida y un ligero descanso, tomamos de nuevo el metro hasta Beihai North, la parada más cercana al Parque Beihai, un jardín imperial de 69 hectáreas de superficie cuya construcción data del siglo X. La entrada tiene un coste de 10 yuanes por persona y da acceso a todo el recinto, incluidos los principales puntos de interés del lugar, como son el Muro de los Nueve Dragones, construido en 1402 y del cual solo hay 3 iguales en toda China; el Salon de la Luz Recibida, que alberga una estatua de Buda de 1,6 metros de altura tallado en una única pieza de jade blanco puro, y, la pieza central y joya del parque, la gran Pagoda Blanca, construida en el año 1651 con motivo de la visita a la ciudad del Dalai Lama y que se encuentra en la isla que se encuentra justo en el centro del Lago Taihu, alrededor del que se distribuye el parque.

 

Pasamos la tarde descubriendo los diferentes rincones del lugar y deleitándonos con la impresionante imagen que nos regalaba el atardecer, viendo como el sol se escondía tras los lejanos edificios.

 

 

DÍA 14 (10 abril 2018) - BEIJING

Tercer día en Beijing y ya nos sentimos como locales (qué más quisiéramos…). Una vez más, nos levantamos pronto, aunque no tanto como el día anterior. Nuestro destino, el principal foco turístico de la ciudad tras la Gran Muralla. Estamos hablando de la Ciudad Prohibida.

 

La Ciudad Prohibida es un complejo palaciego construido entre 1406 y 1420. Durante casi quinientos años, desde la dinastía Ming hasta el final de la dinastía Qing, fue la residencia oficial de los emperadores de China y su corte, así como centro ceremonial y político del Gobierno chino. Su entrada estaba reservada a las autoridades del país y prohibida a la mayor parte de la población china. En la actualidad es una atracción turística que alberga el Museo del Palacio y en 1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, siendo el mayor conjunto de estructuras antiguas de madera del mundo.

 

El recinto cubre una superficie de 150.000 metros cuadrados rodeados por una enorme muralla de 10 metros de altura. En su interior, alberga 90 palacios y más de 980 edificios. La entrada, que tiene un coste de 60 yuanes por persona en temporada alta y 40 en temporada baja, da acceso a todos ellos. Para acceder tan solo a las taquillas, se deben pasar varios filtros de seguridad, que comprenden el camino desde la parada de metro hasta la entrada principal.

 

Nuestra visita nos llevó más de 3 horas, en las que pudimos recorrer la mayoría de la ciudad. El volumen de gente era importante, pero realmente no fue nada agobiante. Iniciamos el recorrido en la Puerta de la Paz Celestial, desde la que caminamos hasta la Puerta del Mediodía, que nos dio paso al gran patio que conduce a la Puerta de la Suprema Armonía. A partir de ahí, desde el imponente Patio Exterior, fuimos visitando la infinidad de rincones que ofrece el lugar, incluyendo, por supuesto, el Jardín Imperial, una de las joyas de la visita. Abandonamos el recinto a través de la Puerta de la Bravura Divina, al norte del recinto.

 

Continuamos nuestra ruta por la calle Wenjin, girando a la izquierda en dirección sur por la calle Nanchang, volviendo a la entrada principal de la Ciudad Prohibida para visitar el otro punto de interés de la zona: la Plaza de Tiananmen.

 

Construida en el año 1949, la Plaza de Tiananmen es la plaza más importante de China. Tiene unas dimensiones colosales, de 880 por 500 metros de amplitud, que la convierten en la plaza más grande del mundo. El motivo de su construcción fue el ánimo del gobierno chino de acoger actos masivos de adhesión política, tales como desfiles militares y concentraciones sociales. La plaza pasó a formar parte del imaginario mundial en el año 1989, cuando miles de personas se manifestaron a favor de la democracia, siendo reprimidas por actuaciones policiales y militares que culminaron con cientos de muertos y miles de heridos. La imagen dio la vuelta al mundo y acabó provocando un cambio severo en el rumo político del país.

 

En la plaza y sus alrededores se concentran varios edificios de gran importancia, como son la Torre Qianmen, que acoge un museo de la historia de Beijing; el Museo Nacional de China, principal museo de la ciudad; el Gran Palacio del Pueblo, sede del Gobierno chino, y el Monumento a los Héroes del Pueblo, un gran obelisco de 38 metros de altura con inscripciones de los principales líderes comunistas chinos. Aunque el principal foco de visitantes (la mayoría de ellos asiáticos) es el Mausoleo de Mao Zedong, ubicado justo en el centro de la plaza, donde yace el cuerpo embalsamado del líder comunista, que en 1949 proclamó la fundación de la República China en ese mismo lugar.

 

Tras la visita, tomamos el metro hasta la estación de Yonchegong, muy próxima al siguiente punto de interés del día: el Templo de Yonghe o Templo de los Lamas, el templo tibetano más importante fuera del Tíbet.

 

Construido en el siglo XVII, sirvió como residencia de los poderosos eunucos de la corte imperial manchú, hasta que en 1722 pasó a ser el hogar de los monjes tibetanos, manteniéndose así hasta la actualidad. Su estructura se compone de multitud de patios y edificios, entre los que destacan, por un lado, el Falun Dian, donde se encuentra una estatua de bronce de 6 metros de altura de Tsongkapa, fundador de la Secta del Bonete Amarillo, y, por el otro, el Pabellón Wanfu Ge, que aloja la pieza más valiosa del templo, una impresionante estatua de 18 metros de altura de Maitreya, el buda futuro, tallado a partir de una única pieza de madera de sándalo. La entrada tiene un coste de 25 yuanes por persona.

 

La visita duró un par de horas y, pese a no ser uno de los principales focos de visita de Beijing, consideramos que debe ser un must do para cualquier turista que visite la ciudad durante un par de días. La paz que se respira en el lugar es algo realmente indescriptible.

 

Cargados de energía y maravillados por las experiencias vividas en lo que llevábamos de día, nos dirigimos nuevamente a la parada de metro para trasladarnos en dirección sur hasta Yong An Li para visitar el archiconocido Mercado de la Seda, un centro comercial de 5 plantas en el centro de Beijing conocido por ser el principal foco de falsificaciones de China. En su interior las tiendas se cuentan por cientos, siendo en su mayoría de ropa y tecnología. En ellas se ofrecen artículos de imitación de marcas mundialmente reconocidas. El regateo no solo está aceptado, sino que está altamente recomendado. Los precios de salida pueden superar en la mayoría de ocasiones en 10 veces el precio final de venta, por lo que recomendamos mucha paciencia y tesón. Los chinos son duros negociadores, pero acaban cediendo si ven que la venta va a perderse.

 

En nuestra opinión, y sobre todo tras haber visitado el Gran Bazar en Estambul, no vale la pena visitar este mercado a no ser que tengas verdadera necesidad de comprar algún artículo en concreto. El lugar es visitado únicamente por turistas y los comerciantes lo saben. Si aun así alguno de vosotros tenéis intención de comprar allí, recomendamos hacerlo a última hora, con suerte los vendedores no habrán cubierto el cupo de ventas y te será más fácil comprar a precios bajos. Por otro lado, recomendamos llevar una lista de los artículos a adquirir para no caer en la tentación de comprar artículos que no necesitamos.

 

La visita no dio para mucho, compramos algunas camisetas y echamos un vistazo a la planta de artículos de electrónica, poco más. Continuamos nuestra ruta a pie en dirección este hacia el centro financiero de Beijing, hogar de los más grandes edificios de la ciudad, entre los que destaca por su original arquitectura el Edificio de la Televisión China, de 234 metros de altura y 44 plantas cuya construcción de completó en 2008 y constituyó todo un reto arquitectónico por lo complejo de su entrelazada forma.

 

El motivo de nuestra visita al lugar fue conocer el centro comercial The Plaza, donde aprovechamos para conocer la zona más moderna y comercial de Beijing. Allí realizamos una serie de compras de ámbito tecnológico y cenamos algo antes de volver al hotel.

 

 

DÍA 15 (11 abril 2018) - BEIJING

Último día en Beijing y última jornada completa de nuestro viaje en China. La tristeza nos invadía, pero no dejaríamos que nos arruinase el plan. Realizamos el check-out en el hotel a eso de las 8 de la mañana y comenzamos la ruta.

 

El primer punto de la ruta del día era el Zoológico de Beijing. Ubicado en el distrito Xicheng, se trata uno de los zoológicos más antiguos de la China y tiene una de las mayores colecciones de animales en el país. Cuenta con más de 450 especies de animales terrestres y más de 500 especies de animales marinos, incluyendo a los pandas gigantes, los animales más populares del zoo, el mono de nariz dorada, el tigre del sur de Asia, el ciervo de hocico blanco, el ciervo milu, la ibis nipón, el aligátor chino y la salamandra gigante de China entre otras. El zoo fue fundado en 1906 durante la Dinastía Qing y tiene unas dimensiones de más de 89 hectáreas. Su entrada tiene un coste de 19 yuanes por persona, aunque recomendamos comprar la de 130 yuanes, que da acceso además al oceanográfico.

 

La visita duró unas 4 horas y tenemos que reconocer que, pese a ir con unas expectativas bajas, la experiencia fue realmente buena, aunque no lo consideraríamos como un imprescindible de Beijing.

 

Tras comer algo en un centro comercial próximo al parque, aprovechamos el resto de la tarde para comprar algún que otro recuerdo y souvenir para familiares y amigos en el centro de la ciudad.

 

Tras unas horas de compras, volvimos al hotel para recoger las maletas y dirigirnos a nuestro último hotel en China. Para ello debíamos trasladarnos en taxi donde realizamos un trayecto de poco más de 1 hora en dirección noreste hasta una zona industrial muy cercana al Aeropuerto de Pekín, donde se ubicaba el Airport Lingkong Wise Hotel, un humilde establecimiento de ámbito familiar que escogimos, no por sus prestaciones, que eran pocas y básicas, si no evidentemente por su proximidad al aeródromo desde el que tomaríamos el vuelo de vuelta al día siguiente. Algo positivo del local es que ofrecía servicio gratuito de shuttle bus al aeropuerto a cualquier hora del día.

 

 

DÍA 16 (12 abril 2018) - Vuelta a casa

Nos levantamos a eso de las 3 de la mañana, realizamos el check-out y el shuttle bus nos condujo a la Terminal 3 del Aeropuerto de Pekín. Casi con el piloto automático puesto, realizamos los trámites de facturación en los mostradores de Swiss y pasamos el control de seguridad sin problemas. Aprovechamos para desayunar algo en un Starbucks y nos dirigimos a la puerta de embarque para esperar cómodamente.

 

Las esperas en los aeropuertos dan para pensar en muchas cosas, así que se nos ocurrió preguntar en el mostrador si existía alguna posibilidad de acceder a algún tipo de upgrade. En principio no obtuvimos una respuesta clara por parte del personal de Swiss, así que entendimos que no era posible. Nuestra sorpresa fue enorme cuando al acceder a la aeronave una empleada tomó nuestros pasajes, tachó el número de asiento y nos asignó los de la fila 11, que correspondían a la Clase Business.

 

  • Salida Beijing a las 06.45h. Llegada a Zurich a las 11.20h.
  • Salida Zurich a las 15.15h. Llegada a Palma a las 17.05h.

La experiencia de volar en clase superior era nueva para nosotros, así que estábamos emocionadísimos. La duración del vuelo fue de unas 10 horas, de las que la mayoría nos la pasamos disfrutando de las comodidades que la Clase Business de Swiss ofrece, por no hablar de la excelente oferta gastronómica, que incluía desayuno y comida, además de infinidad de snacks y bebidas a coste cero. El trayecto se os hizo corto y casi sin darnos cuenta aterrizábamos en el Aeropuerto de Zurich.

 

El vuelo de Zurich a Palma duró poco más de 1.30h y fue muy plácido, sin turbulencias. La sensación era la misma que la que solemos tener siempre al regresar de los viajes, una mezcla de pena por estar viviendo el fin de una experiencia única y de orgullo por haber conseguido vivir una experiencia tan alucinante como esta.

 

Este viaje a China ha supuesto para nosotros, no solo nuestro regreso a Asia, si no una lección de vida en el más amplio sentido de la palabra. Una vez más, viajar había servido para expandir nuestra mente, convertirnos en personas más sabias y tolerantes y ampliar nuestro repertorio de anécdotas y momentos únicos.

 

China es un lugar único en el mundo. No solo es una gran potencia económica y el país más poblado del mundo, también es la cuna de una cultura milenaria, probablemente la más longeva de la historia, de la que el viajero curioso debe empaparse e intentar respetar y cuidar a lo largo de su visita. Es una nación enorme y muy diversa, pero que maneja los valores tradicionales de una nación inmersa en pleno proceso de abertura al mundo. Su gente, aunque principalmente reservada y desconfiada, está cada vez más occidentalizada y es realmente atenta y considerada con el visitante.

 

Como solemos decir, esto no es un adiós, si no un hasta luego. Quedaron muchos rincones de esta gigantesca nación sin conocer y no tardaremos mucho en volver para acabar de descubrirlos. Gracias por todo, China!

 

 

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